samedi, août 29, 2009

Señales de vida

Parece la prehistoria, pero sólo fue hace cinco años, el 2004. Él y yo teníamos una especie de pacto y nos decíamos “señales de vida”. Eso era cuando por alguna razón no nos habíamos hablado o mensejeado por celular o alguno no había aparecido en msn, (sí, messenger, no gtalk, que aún uso, y en dos cuentas. Gmail recién aparecía, de hecho ese él me invitó y por eso tengo ese correo, desde entonces).

Hoy las señales de vida son públicas y en cierta medida “secretas” para los emisores. Ya si quiero saber de él (que desde hace tiempo es el él de otra), no le pregunto ni lo llamo ni le escribo… Lo puedo espiar, y él quizá ni se entere (sólo quizá, supongo que hay maneras de rastrear, que yo no manejo)…. Pero con o sin radar, yo puedo ver su blog, twitter, Facebook si lo tuviera público, etc. O sea, puedo tener señales de su vida. Igual que de muuuucha gente, número que ha crecido y crece en forma exponencial en un santiamén…

Ahora, esto de querer ver y ser visto y gritarlo en silencio no es un fenómeno de la web. Esto lo explicita la red, pero también lo hizo desde mucho antes la Arquitectura.

De hecho tengo un ejemplo personal al respecto. Me acuerdo que a principios de los 90, el 1994 creo que fue, yo estaba en no sé qué año de Arq, y se creó el paseo San Damián, de un arquitecto que me gusta mucho, Cristián de Groote y yo elegí ese destino como proyecto de esa semana. O sea, lo fui a croquear y a “levantar” observaciones para mi clase de taller.

Ese lugar estaba lleno de escaleras y puentes, como si fuera un mini pueblo, donde casi todas las miradas convergían. Onda, te miro y tú sabes que te miro, y todos saben… Hasta que me escondo en algún rincón. A mí me encantó ese concepto que se erguía en hormigón a la vista. Fue el primer espacio abierto que yo vi que tenía esa intención constructiva en forma potente y focalizada, y que estaba hecho para ser habitado de ese modo, de día. O al menos, también de día.

Este habitar urbano humano, de gritar a los cuatro vientos lo que hago (que en ese lugar era “te veo”, básicamente –claro que con más o menos sonrisas-ja) se transmutó en las formas de navegar de varios internautas en la web llamada 2.0.. Donde dicen a un público masivo y silencioso “yo leo, escribo, hago” etc. Y la internet, a la igual que la arquitectura, tiene la cualidad de la permanencia. No es un grito que se lo lleva el viento. Claro que a veces no sé si me gusta…

Prefiero cuando alguien me llama para preguntarme (y contarme) señales de vida… Como todavía ocurre con mis más cercanos, con mi mamá por ejemplo, que a penas usa cel. Mis hermanas y mi papá que no usan ni blog ni twitter, y varios amigos que con suerte usan mails.

Claro que por lo mismo, no siempre sé de ellos. Seamos justos y digámoslo. O sea, la calidad de la comunicación analógica es mucho mejor para mí, pero la disponibilidad de la comunicación con gente es mucho mayor con aquéllos que usan frecuentemente la red.

Y además, en algunas ocasiones, como ahora que son pasaditas las 5 am, y que tengo ganas de contar cosas, es muy bueno que existan los blogs. Y blogs así como este, sobre cosas de la vida. Yo escribo sobre eso, porque es lo que me gusta leer….

Sobre mis señales de vida… Me han pasado tantas tantas cosas en el último mes que no es posible para mí sintetizar en un post. Soy mejor narradora para todo eso. Con un café y algo dulce idealmente.

Sólo para titulares:
-Mi papá lanzó su primer libro de cuentos, “Siéntate un ratito” se llama. Estuvo top todo. Yo di un discurso que me significó varios elogios por parte de la concurrencia, incluyendo a la dueña de la editorial, la escritora Alejandra Basualto. Mi papá dio un discurso también, muy entrete, donde me echó miles de flores por ayudarle a editar los cuentos tantas veces. Eso me significó que dos personas quieren que les ayude con sus proyectos personales. Obvio, escribiré sobre eso, pronto, con detalles y fotos.

-Me quedé sin casa y tuve que raudamente encontrar un plan B. Hoy vivo con una gringa gringa en Colón, condominio con piscina temperada y otras regalías. Pero echo mucho de menos mi vida en provi con los agrónomos.

-Vi una obra de teatro en El Portal la Dehesa. La obra me gustó, pero la sala… O sea, ¡¡sillas plegables de plástico!!! Nadie puede. Menos si cobras 8 lucas la entrada!!!
-Terminé mi primer semestre de la Universidad. Promedio 6.0 final. Decente.

-Me robaron la billetera hace una semana, me di cuenta cuando tuve que pagar la cuenta del restauarant Normandie en providencia. Me morí de vergüenza. La mesera pagó (me dijo: “tranquila, si ud. ha venido varias veces”. Menos mal que ella es buena fisonomista, no como yo). Al día siguiente le llevé un cheque… la cuenta salió 13, el cheque era de 20…

-El martes fui a La Dehesa a trabajar. Volvía antes de las 3 de la tarde, por la costanera norte y mi auto de la nada se detuvo, y yo estaba sin minutos en el celular… La travesía fue increíble. Terminé haciéndome amiga del carabinero en moto que me rescató y me prestó su cel; el tipo de la grúa del seguro que me fue a buscar y su compañero (a quienes les regalé una coca-cola por lo buena onda que fueron y porque hacía un calor… el jueves) y de todos los bomberos de la Copec de ahí de Santa María al frente de Casa Piedra, de quienes me despedí de beso. Otra historia sabrosa para contar, no para vivir.

-Le hago los trámites de legalización de unos documentos académicos de la Univ de Chile a mi hermana chica. Ya me ha tomado tres días, porque en un lugar toman dos días, en otro otros dos días, y así. Y es que no PUEDO creer la burocracia y lo caro que es todo en plata, tiempo, y espacio considerando que estamos en la era web. (Para eso podría servir…). ¿Cómo no centralizan las legalizaciones, aló?

-Leo “1984” en el velador, de G. Orwell, impresionante como la telepantalla es en parte la Internet de hoy. Tenemos que tener cuidado con manejar la exposición y la privacidad… El libro es absolutamente vigente e interesante, considero que es esencial de leer o releer en la actualidad, sobre todo por altos usuarios web. Y un libro de cuentos que se llama “Remedios para melancólicos” de Ray Bradbury. Ese lo llevo en la cartera. Es ideal un libro de cuentos para las esperas… Sirvió para esperar a la grúa…

-Y finalmente, por primera vez en mucho tiempo, ya no busco tanto trabajo, ahora procuro ampliar mis clientes. Resulta que encontré una veta profesional en la que soy muy buena, que parece ser una necesidad y en la que me han recomendado… Ahora tengo tres empresas como clientes. Veremos si salen más. Sobre lo que vendo… pronto daré más señales de vida… laboral.

Sobre la vida sentimental, un up date de piropos.
entonces tenía el alma ocupada. Pero la declaración fue un gran punto… que le sirvió después.
Ya, ahora sí, terminé con las señales de vida, al menos por hoy.