dimanche, septembre 24, 2006

Pendientes y Jaime Andrés Crispi


Como le decía a Sol, tengo TANTOS posts pendientes, que al final no escribo nada. Y me quedo dormitando al sol de esta incipiente primavera, en la cima de la montaña, al lado de la piscina de mi casa, con la novela Papillon (en francés) a mi lado, sin leer. (¿Puede haber algo más rico que estar echado al sol sin hacer nada, más que acariciar dulcemente y como al descuido, el pelaje suave de mi Antoncito?).

Pero sí, quiero ponerme al día con algunos (varios) temas. No puedo decirlo todo, menos a mi estilo , o sea largo y detallado (tranqui
Pame. Jajajajja).

El post pendiente que más me ronda en la mente es escribir sobre la vida, muerte y
funeral de Jaime Andrés Crispi, el asesor gubernamental que tuvo ese fatal accidente en el ascensor.

Otra cosa que quiero contar es algo relativo a los
ataques de Israel a Beirut. Y con respecto a ello, mi encuentro con los salvados por la FACH en el aeropuerto de Buenos Aires en julio pasado. Esa vez sentí vergüenza de mi sangre judía, de la que (casi) siempre, hasta entonces, me enorgullecí (mi bisabuelo, el abuelo de mi papá, se llamaba Isaac Divinetz y su señora se llamaba Sonia Einstein -sí, igual al físico... capaz que haya sido mi tío... -, ambos eran rusos-judíos).
También quisiera hablar parte de lo que viví en el Simposio Internacional de Estética al que asistí recientemente. Particularmente algo de las conversas after simposio, con Ramón Castillo y algo de lo que dijo - y luego comentamos ella y yo- la (brillante) Patty Espinosa. Quien, como le dije una vez, siento, fue la mejor profesora que tuve en la Univ.

Asimismo, quisiera dar cuenta de algo de una entrevista laboral mágica que me hizo un entrevistador con “doctorado en dolores” como dijo
él mismo (cito: "Vi morir a un hermano, enterré a una hija, sí, tengo un doctorado en dolores") y por lo cual, siento, sintonizamos en lo profundo (como conté aquí).
Además me gustaría narrar un poco de mi entrevista a (mi súper tío político) Miguel Laborde para Musas, con motivo del Observatorio de Lastarria, y contar algo de su distinción entre ciudades y territorios. Discurso que en rigor tiene hace rato, como se puede leer aquí. O sea hartas cosas.

Me cuesta sintetizar todo ello, y me dan ganas de sólo decir que hoy leí
El Mercurio sentada en la terraza de un mac-café de cerca de mi casa. Lo leí harto rato, como hacía muchos domingos que no hacía, y lo pasé tan bien leyendo a Zambra (el autor de Bonsai, libro que leí entero, parada en el café Mosqueto) en la Revista Libros que ahora va en el Artes y Letras. También viendo lo de los cineastas y donde citan a mi amigo Castro (Castreli, ¿cuándo me vay a dar la entrevista?).

También disfruté la
columna endieciochada de Lafourcade, con la que me río en general y "La ciudad" de Laborde, of course, que jamás olvido. Y esta vez se vincula con algo de lo que me dijo el jueves. Además leí una columna de un Bertrand Mena que me gustó, y leí lo de ciencias y físicos en Reportajes (no encontré el link) y me dieron ganas de contar todo lo que hablé en un almuerzo reciente con mi ex compañero y físico con doctorado en Alemania, Cristián Valenzuela (tb amigo del Castro). Quien me explicó lo de las fuerzas fuertes y débiles, los vacíos atómicos y otras cosas top (¿Viste que igual caché, Kárate? – su pseudónimo en el colegio, aunque a él no le gusta que le digan así-).

Y vi el aviso de la U de Chile, que es la
única Universidad de Iberóamerica que destaca en ciencias en un ranking hecho por un organismo científico español. Yo soy la única de mi familia que no es de “la gloriosa” U, sino de la UC, pero cuando veo avisos así, me vuelve mi ímpetu revolucionario y siento que soy de espíritu azul. Me encanta que la universidad más barata, pluralista y pública de Chile, sea la mejor rankeada. Me encanta que lo estatal la lleve y en una fibra top, la ciencias. Me encanta.

Pero vamos a lo pendiente, para que deje de serlo, en parte.

Jaime Andrés Crispi

No lo conocí, pero mi papá es amigo hace años de su padre, Jaime Crispi. Jaime Crispi (padre) tiene un fundo en Curicó y todos los veranos mi papá llega con un cajón de cerezas enviado por su amigo.

Cada verano, hace muchos veranos, en algún momento, mi padre llega sonriendo con el cajón aromático y rojo en sus manos, y siempre dice lo mismo: “Jaime Crispi es el mejor ser humano que conozco”.

A su amigo Jaime, mi papá lo conoció hace años, haciendo
biodanza y luego afiataron la amistad en los viernes de Bióloga (La bióloga es Carmen Cordero, una mujer que trabaja con Maturana, y es especialista en algo como de la biología del cuerpo y tiene una tesis que los chilenos tenemos, físicamente, un cuerpo que evidencia miedo).
Fue este Jaime Crispi quien inició a mi padre en el coaching, disciplina que le cambió la vida a mi padre (y por chorreo, un poco a mí tb). Y mi papá dice “Jaime es mi coach personal”, lo que en la jerga del medio es MUCHO decir.

El año pasado, veía yo un programa en la tele, “En Pauta” creo que se llamaba, era el inaugural con 3 periodistas y en chilevisión. El invitado era el entonces ministro, Nicolás Eyzaguirre.
Y ahí Mister Eyzaguirre (a quién yo medio conocía de casualidad, porque era vecina de su hermano, cuando vivíamos en la comunidad de La Reina), dice algo como “estoy trabajando en una publicación que propone un modelo económico para disminuir la desigual repartición de la riqueza en Chile. Eso lo estoy preparando con un economista que trabaja conmigo, Jaime Crispi”. ¡Wow!, (me) dije yo, ¡el amigo de mi papá trabaja y en eso, y nada menos que con Eyzaguirre!

Llamé por teléfono a mi papá para preguntarle y él dice que no, que no cree…Y al viernes de bióloga siguiente, salió de la duda, el Jaime Crispi de Eyzaguirre, era el hijo del dueño de las cerezas.

Un día, no hace mucho, mi papá está conmocionado porque le llegó un mail donde se dice que Jaime Crispi sufrió un accidente y está en coma, en la UCI de la clínica Las Condes, se pide una cadena de oración. Mi papá no lo puede creer…es tarde, no es hora de averiguar nada. Al día siguiente se cerciora: no es su amigo, es el hijo de su amigo, el economista de Eyzaguirre.

Durante esa semana mi papá va casi todos los días a la clínica, un día voy con él. Está la mamá del paciente, una señora de ojos claros que es la ex mujer del amigo de mi papá. Todo parece ser calmo, cuando en lo profundo se vive una inmensa tragedia. No es momento de averiguar detalles de lo sucedido. A la semana de estar en coma, Jaime Andrés Crispi, de 39 años, asesor gubernamental, muere. Era casado, no tenía hijos.

Su muerte fue producto de un accidente que, como explicaba
Gregory Cohen en una clase de guión en la Escurela de Cine (donde trabajo hace 3 años), linda entre lo heroico y lo tonto. O sea, pasó de ser una tontera, que pudo haber sido ser heroica (salir de un ascensor en mal estado, detenido, y contar la proeza como si la hubiera hecho Mac Iver -serie de TV de los '80-) a ser una tragedia irreversible.

Y así, en vez de la hazaña cantada, el destino fue fatal, y pasó en un segundo de lo heroico a lo tonto, y este hombre murió. Mi papá fue al velorio, al cual asistió, sin pompa y como una más, durante harto rato, Michelle (más la quise).

Yo al día siguiente fui al funeral, no quería que mi papá fuera solo. Ahí no vi a la presidenta, pero sí a muchos políticos. No vi a Eyzaguirre, sí al Dr. Artázar (el de las siamesas) y a Benito Baranda. Nadie estaba ahí por motivos simbólicos, todos fueron por cercanía personal.
Saludé a Carolina Tohá, visiblemente afectada.
Estaba lleno de gente y de cariño ese lugar. Lleno. Llovía, creo que hasta el cielo tenía pena de esa muerte y a su modo, lloraba también esta partida prematura.

Fui al crematorio del Parque del Recuerdo, nunca había ido. Y entonces se produce una procesión de discursos hermosos, llenos de alma y reconocimiento, como no había visto desde lo de la Gladys Marín.

Uno de esos discursos para Jaime Andrés lo leí luego en
La Nación Domingo. Me gustaría tener otros para leer tb, pero sólo los escuché ahí, como el de “Este tribunal acusa a Jaime Crispi de haber querido cambiar el mundo”, digno de publicación. O como el dicho por su mamá que puso en el mismo saco a creyentes, agnósticos, ateos y sincréticos. Muchas palabras hermosas, llenas de humor y de pena…
Y en uno de los discursos, el orador citó las palabras del poema de Miguel Hernández que musicalizó (y canta) Serrat, (y que mi papá, en otro momento, le dedicó al tío Pepe): “No perdono a la la muerte enamorada, no perdono a la vida desatenta, no perdono a la tierra ni a la nada”.

Y finalmente, en un acto inédito para mí en un funeral, empieza a circular una hoja con una letra impresa de una canción de Charly García que yo no conocía (y cuyo titulo olvidé). Y el amigo de jaime Andrés, quien hablaba entonces, dice que cantemos, y los asistentes, obedientes, cantamos. Y así, Jaime Andrés Crispi, un economista brillante, un ser humano excepcional por lo que evidencié, fue despedido a coro por los que los que lo conocieron en vida, y por algunos, que como yo, llegamos tarde, pero llegamos a conocerlo, aunque fuera en forma póstuma.

Podría seguir con los otros ítems, pero se me apretó el alma al recordar y leer en la web todo lo que se dijo sobre esta muerte… aquí algunos links sobre este tema que me sobrecogieron:
Sobre qué hizo y que hacía al momento de morir este economista, está llena la web, basta sólo googlear su nombre... y ver el tremendo daño que un (puto) ascensor en mal estado, una (puta) mala administración y una (puta) falta de legislación al respecto, le hizo a esa familia, al amigo de mi papá y a este país.
¿Servirá para algo su muerte?... El senador Navarro espera que sí... Veremos.
Finalmente, sólo (te) puedo y quiero decir, desde esta humilde y (para ti) desconocida tribuna: Jaime Andrés Crispi, gracias por todo lo que hiciste por mejorar el mundo, este mundo, y que en paz descanses, allá, en el otro mundo.