dimanche, juillet 31, 2011

Donde un beso era como un huracán

Encontré esta canción de Manuel García,

y me gustó tanto, me hizo tanto sentido….

Me quedó rondando el verso del título,

pero el tema se llama “Como dices tú”.

Como dices que era yo
hoy quisiera ser mucho mejor
o idéntico a esa versión
mía y dibujar peces en el sol
mía y dibujar cosas de los dos
Y no estar aquí hablando así
en este lugar tan especial

Donde un beso era como un huracán
devastando todo en esta gris ciudad
donde un beso era como un huracán

Como dices que era yo
dulce encantador y mágico
un poco hablador pero simpático
siempre despeinado bajo el árbol

Y hoy que estoy aquí tan pálido
ni la sombra soy de un pájaro
y el tiempo se rompe como un cascarón
y el amor que nace es más como un dolor.

lundi, juillet 04, 2011

El fatal apego a la esperanza

 

Otra vez me pasó. Él me llama de la nada y dice que vendrá, yo me ilusiono aunque ya conozco la dinámica y sé que en el minuto en cuestión no lo hará. El frío, la hora, o whatever. Pero igual ordeno la casa y cocino, por si acaso… En general no avisa, esta vez lo llamé sobre el deadline dado por él mismo y le pregunté… Y dijo que finalmente no, como era previsible. Igual, sabiendo eso, yo me apegué a la esperanza de que él hiciera lo que dijo que haría, y como siempre, me fue mal.

Pero no me pasa sólo con eso. También espero que alguien esté o vuelva, o esté o vuelva de cierta manera, cuando es evidente que no lo hará. Espero que fulano cumpla sin que yo deba mendigar por ello. Espero que me llamen de ese lugar. Espero sobre todo que él me diga eso que necesito escuchar. Y así, espero lo que sé que no va a ocurrir.

En resumen me apego a la esperanza de que ciertas cosas pasen, en vez de hacerme cargo de la realidad y asumir que no va a ser como yo quiero que sea. Y que en virtud de ese escenario hay que actuar… Ahora, hay situaciones en que eso es más difícil que en otras.

Por ejemplo, dado que no se puede saber hasta cuándo Cerati estará en coma, entonces cabe preguntarse: ¿Hasta cuándo la familia podrá considerar la esperanza de que reviva? ¿Debe mantener al cantante en coma por la improbable excepción de que, tras más de un año, despierte? ¿Son malas personas si evalúan y hasta deciden desconectarlo? ¿Cuál es el precio emocional y monetario para los cercanos que ese apego a la esperanza implica?, etc.

Es una situación compleja, muy. Y quizá en esas situaciones límite se entiende el apego a la esperanza, porque da una luz, que es como lo único que permite seguir.

Pero hay veces en que ese apego se da igual, pero dado que la situación no es tan heavy, no se le da la debida atención. Y como que pasa piola, medio colado. Hasta que de repente aparece cuán grande en verdad es, y clava sus agujas justo en el corazón… Porque eso que esperabas, no pasó… Sino que otra cosa, quizá justo lo que temías, y te pilló así, desprevenido, sin plan B, en pausa. Mal.

Con esto me acordé de “El Coronel no tiene quién le escriba”, novela que leí en el colegio y me cargó. Me aburrí profundamente y no entendía que se escribiera toooodo un libro para decir lo mismo hoja tras hoja:

Hace 20 años que el Coronel espera una carta vital para él, que le daba sentido a todo, y por un lado él considera que dado que ha pasado tanto tiempo, el día D se acerca avasalladoramente (o sea que recibirá su carta). Eso, versus el juicio de todos los demás, incluida su hija, que dice que, obviamente, dado todo ese tiempo, ya no recibió la famosa carta (evidenciando que el silencio ES una respuesta y muy elocuente). Recuerdo que todo me parecía TAN obvio y no podía comprender cuál era la gracia de esa obra de García Márquez.

Y entonces, como en el libro, en mi vida pasó el tiempo. Y me percato que tal como el Coronel, muchas veces me apego a una esperanza que parece inofensiva, y que como toda esperanza, es tranquilizadora, auspiciosa, linda, etc.  Y por ende no veo, o no quiero ver, las señales, onda silencio, y doy el beneficio de la duda a cosas que no lo contienen (tipo Coronel), en vez de asumir y actuar como indica el sentido común.

O sea me convenzo y me apego a las excepción en vez de a la regla… Como sacarse el Kino. Es cierto que hay mucha gente que se lo saca. Pero ¿cuál es la proporción entre los que juegan y los que ganan? y, aunque se juegue, igual uno sigue con su vida, no pone pausa en virtud de “es que si me lo gano, entonces…”, si eso pasa, lo que consideramos improbable, veremos, mientras tanto se actúa con lo que hay, o sea, sin Kino.

Ahora, por alguna razón, pese a tener eso ultra claro, en cosas importantes de la vida, varias veces juego a que justo me va a tocar a mí el premio mayor, y en vez de seguir con todo, pongo pausa como el Coronel, imaginando una otra realidad, mucho mejor, claro.

La ficción así es perversa. Y quizá es producto de tanto cuento de hadas que una leyó de chica. Y/o de historias como la de Penélope (el mito y la canción de Serrat), de “Ana y Miguel” de Mecano, “de Lady Lady” del grupo Bravo, y tantos otros relatos anclados en la cultura, donde, de alguna manera rara, se valora la espera por algo añorado.

En síntesis, espero que pasen cosas que no van a pasar. Imagino por ejemplo que dado que fulanito hizo X, entonces ya es viable que pase A. Todo en virtud de que “ya ha pasado el tiempo”…Y mientras tanto, no tomo decisiones, o las tomo pero no suficientemente en serio como para acatarlas de verdad, y todo el rato. Resultado, no asumo cosas evidentes porque en verdad tengo tantas tantas tantas ganas de creer que… ¿y si justo ahora me toca a mí?….Y cuando la realidad cae por su propio peso… Uff, o sea, fuerte.

Yo creo que cuando no hay tal nivel de trascendencia, como en los casos de Cerati o del Coronel, el apego a la esperanza debería considerarse seriamente y no minimizarse. Enfrentar que pasará lo que pasará, y decirle a esa lucecita de excepción que uno alberga, que no, un NO así fuerte y claro, un NO tajante y firme, y lo antes posible, para evitar que esa esperanza, así suavecita y calientita como es, se enraíce en el alma.

Afrontar así a esa esperanza es quizá igual de difícil en todos los escenarios, pero cuando no es de vida o muerte, decirle que no se hace menos complejo… Y es importante dejarla ir a tiempo, sino la cosa se hace muy pesada después.

Es como un barco atracado en un puerto… Está bien que espere un rato, pero lo natural es navegar, y debe partir con o sin el pasajero que uno espera, aunque duela, así es la vida. Y mientras antes mejor, porque así se va más liviano y más rápido, y por ende el dejar atrás es más fácil de lograr….

Lástima que uno se dé cuenta de todo esto cuando es tarde… Y el apego a la esperanza ya se instaló, a sus anchas, justo ahí, en esa parte del corazón donde por mucho que uno quiera, la voluntad no llega. Entonces, cuesta más, mucho más, pero igual creo que se le puede desalojar. Un modo, que me tinca efectivo, es trayendo un suplente. Si lo encuentro y me resulta, les cuento.