lundi, juin 25, 2012

El otro cepillo de dientes

plaza7

plaza8

 

 

 

 

 

 

 

“Prólogo” y “Epílogo” son, respectivamente, los nombres de estas dos bellas esculturas de Nicanor Plaza, que vi en la expo del Bellas Artes, el domingo. Y me parecieron taaaaaaaaaaan elocuentes.

En la primera, en “El Prólogo”, él la busca y ella lo permite, pero hasta por ahí … En la segunda, en “El Epílogo”, en cambio, él definitivamente mira lejos, tiene la pierna presta a levantarse, y un cuchillo en la mano, quizá para liberarse de lo que sea… Y ella, desde abajo, lo retiene a penas, suplicante….

Me pasaron tantas cosas en la guata cuando vi esto.  La elipsis del proceso (que se podría ilustrar con “El Beso” de Mr. Rodin) es tan extraordinariamente gráfico…

el-beso-auguste-rodin

Miraba esas esculturas y recordé los versos de Neruda “es tan corto el amor y es tan largo el olvido”… Y me pregunté ¿Cuánto dura el prólogo, cuándo termina el epílogo?…

Y entonces se me ocurrió que un indicador contemporáneo es el otro cepillo de dientes.

Claro, un día604488-dos-cepillos-de-dientes-de-color-azul-en-una-taza-azul-sobre-fondo-blanco, así como de repente, cuando te levantas, hay un segundo cepillo de dientes en tu baño. “Hoy hay otro cepillo”, piensas. Y sonríes mientras te lavas.

Y cuando llega la noche, y ya vas a acostarte, entras al baño y lo ves de nuevo.  Y piensas “todavía hay otro cepillo” , y sonríes otra vez.

Y entonces pasa el tiempo, y el segundo cepillo se va quedando, quedando…  Su presencia, despacito, se hizo tan cotidiana  que ya no te fijas mucho en él…

Hasta que pasa que una mañana, cuando te levantas y vas a lavarte los dientes, vuelves a ver al otro cepillo. Sigue ahí, como antes, pero en verdad todo es distinto ese día, porque sabes que nadie lo va a usar…

Miras el cepillo, como si su presencia o ausencia fuera una evidencia infalible del estado de las cosas… Y no te atreves a hacer nada, lo dejas en su lugar…  “Por si acaso”, piensas. Pero esa mañana, mientras te lavas, ya no sonríes.

Y entonces pasa otra mañana y otra y otra, y el cepillo sigue ahí, sin uso. Y, de a poco, la silenciosa presencia del otro cepillo va creciendo, se va haciendo cada vez más notoria… Hasta hacerse inmensa, y casi insoportable, entonces, lo tomas y lo cambias de lugar.

No lo botas todavía, porque aún en el aire palpita un “por si acaso”, que no sabes de adónde viene, pero ahí está… Así que conservas el otro cepillo, pero donde no lo veas.

En el primer tiempo, lo ves aunque no lo miras, lo espías de reojo, e incluso en momentos lo tomas y lo vuelves a poner en su sitio… pero al rato lo vuelves a sacar… y lo vuelves a esconder…

Pero un día te aguantas y no lo sacas de su escondite, ni otro, ni otro. Y ahí se queda un tiempo, que se alarga, hasta que se te olvida. Y un día, sin querer, quizá ordenando o limpiando, lo ves. Entonces lo tomas, lo botas y… sonríes otra vez.

La duración de “El Prólogo”, “El Beso” y el “Epílogo” puede que se se resuman, entonces, en la aparición, permanencia y ausencia del otro cepillo en tu baño.

¿Cuánto tiempo debe ser eso? Quizá hasta que sepas, así de adentro, si tiene o no sentido dejar espacio aùn a un “por si acaso”… Y a veces, muchas veces, tan sólo una palabra puede clarificar, y así hacer todo el cambio….

Pd- Las fuentes de las fotos están linkeadas en ellas.

mardi, avril 17, 2012

Cierto tipo de hombres….

Hay cierto tipo de hombres que no te dejan pagar la cuenta. Y es “NO”. No es que ellos tengan plata y paguen, es que aunque no tengan definitivamente no aceptan tu oferta.

No les gusta, prefieren no asistir a lo que sea que dejarte pagar a ti.

Dicen que no es de machistas, y no sé si lo es o no y me da lo mismo eso, el tema es que la actitud me parece fantástica, porque una se siente como en el siglo XIX, con uno de esos hombres que se levanta el sombrero y te besa la mano.

Hay cierto tipo de hombres que te conocen y no temen decir a los cuatro vientos que sienten cosas por ti. Aunque parezca apresurado…

Total, piensan, ¿es apresurado según quién y para qué?... Y te explican que la vida es ahora. Ellos no están ni ahí con el deber ser general, en casi nada, para eso se inventaron un código propio.

Así sus emociones no están envueltas en corazas y por eso te dicen con ojos grandes y fijos que quieren verte otra vez, otra vez y otra más, desde el principio.

Te toman la mano a plena luz del día, te abrazan en el supermercado, hablan de ti a su familia y a sus amigos a penas entras en su vida e insisten en presentarte a su grupo social YA.

Y tú sientes que todo es raro, vertiginosamente rápido, que quizá mejor no, pero en el intertanto, flotas…

Ellos sienten a full. Quizá por un tiempo largo, quizá por una semana, pero cuando es, es intensamente. Porque así debe ser para ellos. Y si tú eres una de las afortunadas en recibir esto que es tan poco usual en estos tiempos, te aseguro que lo vas a disfrutar.

Hay cierto tipo de hombres que fuman, que gustan mucho de los cigarros, que los relaja, que consideran que el tabaco es el complemento perfecto para una conversación de la vida, un café en solitario o unas ideas locas en una reunión de trabajo… pero que, si saben que van a estar contigo, o sea una mujer que los tolera poco, se abstienen de fumar.

Y si no pueden evitarlo del todo, minimizan los efectos. O sea, fuman poco (no más de tres cigarrillos, independiente de la cuota habitual). Al aire libre para propiciar que el viento no impregne la piel, la ropa y el pelo. Y muchas horas antes de verte, para maximizar los esfuerzos.

Y entonces te das cuenta y sientes esa cosa que sientes cuando ves que el otro te considera y hace concesiones importantes para ti y que no le son fáciles a él, pero que para él valen la pena si eso implica que tú estés mejor…

Y entonces a ti te parecen aún más significativas. Y todo se vuelve como nubes de algodón rosado… Sí, sorry, pero así de dulce y meloso.

Hay cierto tipo de hombres que no ahorra en llamadas, mensajes, mails, visitas y demás para demostrarte que quieren estar contigo. Para decirte cosas lindas, incluso aunquen estén molestos, o para simplemente saber de ti.

Son de los que les gusta abrazarte todo el tiempo y siempre ocupar la oportunidad para decirte “Me gustas tú” (sí, como la canción) y así elevarte sin tregua por todo el día.

Hay cierto tipo de hombres, muy pocos, pero los hay, que consideran que necesitan reglamentar las pensiones alimenticias y las visitas de sus hijos por venir, incluso dentro de una mala relación, o ya afuera, y hasta con la oposición de la madre. Y si eso implica demanda, tiempo y plata, no importa. Ellos saben pelear bien por lo que consideran justo.

Hay cierto tipo de hombres que no tiemblan arriba de una torre al lado de una dama en apuros. Se controlan. Y usan todas sus dotes para calmarla, desde lo profundo y no paran hasta acabar su tarea como es debido.

Hay cierto tipo de hombres que parecen duros, puede que sean grandes y peludos incluso, y que pueden tener hasta un pasado en parte chocante para ti.

Algunos de ellos dicen, llenos de vozarrón y a veces vino o cerveza, cosas que de alguna manera no son políticamente correctas. Puede que hasta defiendan ideas que sientes que son algo excesivas y que no compartas.

Pero, esos mismos hombres, que juegan tenis con los argumentos de estos y aquellos, sacando y rematando sin clemencia, son, en el fondo, muchas veces, gentelmans impecables en las buenas maneras a la hora del trato, porque sólo así se puede cuidar el fondo. Y, por lo mismo, son intolerantes acérrimos ante la violencia de las formas.

Y eso pasa desde si les hablas un poco fuerte o si tienes un gesto algo brusco, y particularmente, pero no solamente, en espacios públicos.

Ellos consideren esas conductas inaceptables, pues atentan contra el hacer sentir bien al otro. Algo, por supuesto, completamente fuera de lugar, como una pelota que cae muy lejos de la cancha.

Y el que ose cometer semejante infracción a las reglas del buen comportamiento debe afrontar las consecuencias… Que van desde una amonestación simple –un reto- a la ruptura de relaciones, pasando por la indiferencia total o parcial, claro.

A veces el que comete dicha conducta reprochable en todo su esplendor puede ser otra persona, y entonces este tipo de hombre se yergue como un súper héroe ante tus ojos.

Pero puede que tengas la mala suerte de ser tú quien realice semejante falta, porque puede que tú no seas suficientemente experta en los altos estándares del arte de la fineza en el trato…

Y entonces todo se derrumba, pues, aunque te vieron ciertas alas, a la hora de la verdad eres sólo una más que no sabe volar.

Ahí, aprietan el botón de pánico y quedan solos otra vez, hasta que una nueva mariposa se les acerque con alas prometedoras y colores brillantes que cautiven, y ellos evalúen si quieren que ella se pose un rato ahí, en su jardín privado.

Estos hombres no son como todo el mundo, como ves. Puede que se confundan en la multitud, pero en aspectos como los que te dije, los puedes descubrir.

Y así como llegaron inesperados y decidieron quedarse en declaraciones fuertes y claras, esas que te gustaron tanto…De la misma manera, ante la violencia de las formas, pueden decidir que ya no quieren estar ahí.

Ellos no necesitan arriesgarse a que una molestia se transforme o se evidencie en una constante, así que se van antes. Y no te va a gustar.

Así que si tienes la suerte de tener un tipo de hombre como este cerca, cuídalo, porque te van a hacer sentir la princesa del cuento como nadie.

Creo que la mejor manera de cuidarlos es tratarlos suavecito, hacerlos sentir de verdad como el príncipe que son para ti… No es fácil, pero si te resulta, te aseguro que la sonrisa se te va a instalar permanentemente en la cara… Y no hay nada que pueda competir con eso.

vendredi, avril 06, 2012

Conversación con Jaime García

 

Ayer me junté con Jaime García, Director del Centro de Negociación de la Universidad Adolfo Ibañez y  co-autor del libro “Inteligencia Relacional”.

Para mí esa conversación fue una de esas experiencias epifánicas… De esos regalos de la vida.

Para él, supongo, que fue sólo un encuentro más, pero espero que al menos le haya resultado entretenido.

Jaime me comentó que muy a menudo lo llama gente, así como yo, que quiere hablar con él “por el libro, bueno, o por lo que he hecho, por nada más”, me explica, con su sonrisa amable.

Yo quería conocer a este hombre desde que leí ese libro, el 2010. Pero no sabía bien qué decirle “¿Me gustó mucho su libro, lo tengo entero subrayado y lo recomiendo habitualmente?”… Como que para eso no era necesario un encuentro con ojos… Entonces me abstenía.

Por otro lado, como este hombre me llamaba la atención, en algún minuto leí algo de su vida en la entrevista que le hicieron en la Revista Paula , y, si bien más ganas me dieron de conocerlo, también me daba cuenta que era un tipo súper ocupado y encontraba como nada que ver decirle “Oiga, ¿Usted se juntaría conmigo… no sé muy bien a qué, pero igual?”…

Pensé también en pedirle una entrevista, no obstante, pensaba para mis adentros, Ok. pero ¿entrevista sobre qué y para qué medio?… Además mi tema era conocerlo, hablarle de lo que me pasó a mí con su libro, de lo que él esperaba transmitir… No sé, sentía que no iba por ese lado mi asunto.

Por último, aunque muy importante para mí, pensé en pedirle pega… Quizá en ofrecerle algún curso para la Universidad… Pero ahí topaba con cavilaciones del tipo ¿qué podría ofrecerle yo a él?… En fin, así pasó el tiempo, y él sólo siguió siendo una de esas personas con quien en verdad me gustaría juntarme alguna vez.

Hasta que, hace poco, luego de una experiencia bastante traumática para mí como profesora de un Magíster, que contaré más adelante, me atreví a escribirle para que me diera su opinión de lo ocurrido. Y funcionó. Eso me lleva a considerar que eso de que “No hay mal que por bien no venga”, muchas veces, es cierto.

El encuentro personal

Le escribí al correo genérico que aparece en la UAI pidiendo su mail privado, o que derivaran mi escrito adjunto a este director.

Lo hice con la misma esperanza con la que alguien lanza una botella al mar, o sea, con ojos cerrados y medio soñando que llegará a buen puerto, pero sin mucha fe en que realmente suceda, menos pronto…

A los pocos días, me contestó el mismísimo. Me decía que tendría una agenda ocupada, pero que podría ser en dos semanas. Le respondí de inmediato…

Y bueno, tuve suerte, pues pese a lo que uno imaginaría, no sólo fueron palabras de buena crianza, él me volvió a contactar, hasta que finalmente el encuentro se concretó, ayer.

Nos juntamos en la terraza de un café del Mall de La Dehesa. Era un espacio de madera, habían algunos árboles alrededor y la tarde de este abril aún veraniego comenzaba a caer. Un entorno adecuado para hablar de la vida, ¿no?

Para mí este encuentro era todo un evento, así que fui en versión producida. Vestido, tacos, uñas de manos y pies limadas y rojas, rouge y pestañas pintadas… El sombrero se me quedó en el auto, porque ya a esa hora no era necesario.

Cuando llegué él estaba sentado, hablando por Iphone. Vestía una camisa rosada, bluejeens y un chaleco oscuro encima de los hombros… Me vio y me saludó con la mano.

Le encontré facha de hombre bonachón. Me acerqué y le vi los ojos claros… Hablamos de cotidianidades y pedimos un café.

Me preguntó sobre mi vida, qué hacía, con quien vivía… Yo también a él. Me dijo lo que yo ya sabía por la Revista, que era casado hacía mucho tiempo, que tenía hijos, que almorzaba en su casa habitualmente.

También me comentó que en general se movía en moto. Eso yo no lo sabía.

Hablamos de cosas varias, entre ellas supe que anda en busca de una escultura de Palolo Valdés, ya habló con una curadora de arte al respecto. Y entonces me preguntó si yo ubicaba a ese artista….

Le dije que claro, que me encanta, que amé la exposición que hizo en el Bellas Artes, la de los toros, que cómo logó el movimiento de esas obras me pareció increíble .

Le comenté que la vi en “Museos de medianoche”.

Le pregunté si la visitó, me dijo que no, y que lo lamentaba mucho, pero que sabía de una nueva exhibición pronto y a esa sí iría.

También en algún minuto le conté que yo primero estudié Licenciatura en Estética, o sea, Historia del Arte. Creo que le dije que me fascina eso y que llegué a las comunicaciones, en verdad, tratando de escribir sobre arte. En fin, seguimos.

Del dicho al hecho…

Me contó sobre algunos temas en los que estaba trabajando. Particularmente sobre lo que yo conocía, según el Coaching, como “Contexto de obviedad”. 

Pero a eso él le sumó varias distinciones, como “El contexto de coherencias internas” y “El contexto según las expectativa del otro”.

Mientras él hablaba, yo, que algo sé de esos asuntos, le respondía, que adehería en tal cosa, pero que disentía de tal otra… Y entonces, en un minuto, él me dice algo como:

Cuando tú me hablas, yo trato de entenderte. Cuando yo te hablo, tú estás de acuerdo o en desacuerdo. O sea, no escuchas de verdad”. Quedé helada. Era justamente el tema que detonó que yo lo escribiera.

Me explico.

En el libro hay una pequeña historia que ejemplifica lo que es saber escuchar. Yo no sólo leí y amé eso, sino que además la usé en la clase mencionada.

Y fue justamente ese texto lo que causó un debate tal, que yo quedé tan “marcando ocupado” que le escribí a Jaime para juntarme con él.

Me di cuenta entonces, con sus palabras, que uno puede estar súper de acuerdo con X, y jurar que uno se comporta en consecuencia, pero que no necesariamente es así. Y que cambiar la conducta instalada que uno tiene no es nada fácil, y requiere conciencia y entrenamiento.

El escuchar de verdad

Tengo ganas de seguir contando mi encuentro con Jaime, pero siento que dar cuenta del texto aludido es necesario, para en parte no dejar con la curiosidad y quizá también para ilustrar mejor lo que trato de decir.

Lo busqué en la web, sabía que el libro no está online, pero esperaba que alguien hubiera transcrito al menos esa parte… pero no lo encontré, así que lo hice yo. Pensé en ponerlo en un link en Google Docs, pero me pareció mejor dejarlo directamente aquí, así alguien lo puede encontrar al googlear….

Diálogo de escucha tradicional

En una reunión, la gerente de marketing de una empresa dice: “Esta proposición es la que mejor se ajusta a la manera en que nuestra compañía enfrenta la comptencia…”.

Un ejecutivo la interrumpe y señala con vehemencia: “No estoy de acuerdo”.

¿Les parece conocida esta escena?

El ejecutivo esuchó para estar de acuerdo o en desacuerdo con lo dicho por la gerente de marketing. Entre esas dos opciones existe una serie de posibilidades: concordar con el ciento, el cincuenta o veinte por ciento de lo que el otro dice, en fin. Pero cualquier resultado tiene que ver con validar lo escuchado a partir de lo que uno piensa.

En estricto rigor, lo que pasó con el ejecutivo fue lo siguiente:

  • Escuchó lo que propuso la gerenre de marketing.
  • Comparó lo escuchado con lo que él sabe para validar o no.
  • Como lo que él sabe no concuerda con lo que escuchó, no estuvo de acuerdo con la otra persona.
  • En definitiva, más que escuchar a la encargada de marketing, se escuchó a sí mismo.

El que escucha en forma tradicional no pone en duda lo que sabe. Lo que le genera recelo es lo que dice el otro. Niega de facto la postura de quien habla sin preocuparse de entender por qué es distinta a la suya. Así, no aprende.

Existe un único caso en que se escucha al otro a pesar de no estar de acuerdo con lo que dice: cuando uno le da autoridad. Entonces se escucha para aprender o comprender.

Volviendo al ejemplo de la genrente de marketing, si luego de terminada su exposición uno de los participantes  le pregunta por qué cree que su propuesta es la que mejor se ajusta a la empresa o cuáles son los aspectos estratégicos que involucra, ella se sentiría escuchada y su disposición para profundizar sus puntos de vista se manifestaría en armonía y ánimo de colaboración.

Desde una mirada así todos cooperan; por lo tanto, se relacionan con respeto y aceptación. Escuchar determina el tipo de relación que se establece.

Si después de hacer las preguntas necesarias para entender los fundamentos de lo dicho por la gerente de marketing, un ejecutivo discrepa de ella, está en su derecho. Lo importante es que plantee sus diferencias en el espacio de respeto que se ganó al escuchar y comprender primero. En ese contexto, la discrepancia es un aporte y no una obstrucción.

Podemos afirmar lo siguiente:

  • Para entender al otro hay que escucharlo con respeto.
  • Cuando no escuchamos, no respetamos.
  • No escuchar es un acto de arrogancia.
  • No existe acto más amoroso que escuchar.

(Página 115 del libro “Inteligencia Relacional”, segunda edición.  El autor me dijo que hoy ya va en la 9°).

Entonces, cuando Jaime me dijo eso de que yo evaluaba sus dichos en tanto si adhería o no, me sentí pillada, porque él tenía razón. Y me di cuenta que yo hacía justamente lo que sabía y promulgaba que no había que hacer…

Fue uno de esos golpes que uno no se espera. Y me di cuenta que para que eso no pase, la calma es una herramienta muy valiosa.

Me refiero a que de alguna manera cuando uno conversa, escucha, se siente como “obligado” a responder y a dar su opinión, particularmente si discrepa… En cambio, parece que se hace más útil el silencio reflexivo, o sea la calma, y no la prisa por contestar…

Quizá si yo hubiera practicado eso, hubiera emergido la pregunta  “¿por qué él dice lo que dice?” desde dentro de mí, y no hubiera tenido la arrogancia de suponer que entiendo todo y que igual disiento.

Obvio, touchée y punto gordo para él. Aunque casi podría jurar que en estas lides el ganar o perder no son conceptos pertinentes.

(Ahora que releo esto, y quise buscar una imagen… Encontré la de la niña con la caracola y dije “esa”. Claro, porque la expresión de la niña denota atención, concentración y deleite por escuchar una voz mágica que no conoce… Y que no podría conocer ni tener, porque viene de un individuo absolutamente distinto a ella…

Esa es la actitud que creo hay que practicar al escuchar… La de procurar dar el espacio necesario para que las palabras del otro fluyan y se permeen dentro de nosotros.

El texto que acompaña esa imagen en el sitio original habla de esto también, se puede acceder a él tan sólo linkeando la imagen).

Las miradas de cada quien

Seguimos hablando del contexto de obviedad. Donde él insistía, por lo que le entendí, en que básicamente ese no existe y que cada uno tiene el propio.

Y no sólo eso, sino que él –Jaime- no sólo considera que no tiene un contexto en común con otra persona, sino que además no lo quiere tener.

Me dijo también que había varias cosas que había aprendido de chico y que ya las había desaprendido.

Eso porque sus padres estaban muertos y él entendía que lo que le dijeron, le enseñaron, era para dejarlos tranquilos a ellos.

Al respecto me comentó: “Por ejemplo, si yo le dijera a mi mamá que me voy a encontrar con una mujer que no conozco, ella me diría que tuviera cuidado. Si le dijera a mi mujer lo mismo, seguramente me diría “Jaime tú y tus cosas””.

O sea, su mamá vería nuestro encuentro de una manera muy distinta a como lo podría ver su señora, o como lo ve él, e incluso como lo veo yo.

Vale decir, algo, con el mismo contexto cultural de trasfondo, no sólo no se percibe y se vivencia igual para todos, sino que se lleva a cabo, efectivamente, de una manera única e indivual.

Con esto me acordé del Cubismo de Picasso… En ese entonces el español decidió que las dos dimensiones de la pintura soportan distintos tiempos a la vez, de ahí que pueda retratar una no-realidad en tres dimensiones, y de ahí los ojos de frente y perfil simutáneamente…

Y, así, él solo cambia, con una convicción que materializa, todo “el contexto de obviedad”  de la historia de la pintura hasta entonces. (Sí, es cierto que toma como base las pinturas y escritos de Cézanne, pero es Picasso quien consolida esta nueva visión).

Me quedé pensando en  todo esto…  En como si bien uno sabe que lo que dice alguien A es completemente distinto a lo que le llega, de eso mismo, a alguien B… Igual de alguna manera a la hora de la acción, de la interacción más bien, se juega a que entendemos lo mismo.

A que consideramos obvias las mismas cosas… Y eso parece que pasa porque necesitamos sentirnos tranquilos con nuestro proceder.

(Le comenté a mi papá, que es Coach, esta conversación. Fue curioso, primero, constatar que él incurrió en lo mismo que yo. O sea escuchaba desde la posición de lo que es y lo no que es según lo que él sabe, lo mismo que sabía yo -si yo lo aprendí de él-… Y diciendóme que seguro yo entendí mal… y no procurando indagar en por qué Jaime disentía… 

El asunto es que mi papá me repitió lo que yo sabía, o sea que “El contexto de obviedad” se construye con el otro, porque si no uno no se puede comunicar… y me dijo “Si no los médicos no podrían operar”.

Y claro recordé un sketch que hacía él en talleres, donde se evidenciaba que para que las cirujías se produjeran en forma exitosa, había un código interno aprendido y aprehendido por los actores, donde por ejemplo, si el doctor pedía X, la arsenalera sabía qué significaba exactamente.

Y ante mi ejemplo de Picasso, mi papá me dijo que lo que ese artista cambió no fue “El contexto de obviedad” sino el “Paradigma” de la Pintura hasta entonces.

Paradigma es un sinónimo de “Modelo” y habitualmente yo lo sé aplicar, pero en este caso, en la irrupición del cubismo como puesta en jaque –o como evidenciador de Jaque mate- de la concepción de la pintura como un arte tan sólo representativo del mundo visible, la verdad es que me es confusa la situación…

¿Por qué el cambio es de Paradigma y no de Contexto de obviedad… Lo que me dijo mi papá no me convenció y no encontré nada iluminador en la web… Así que si alguien se aventura con alguna opinión… bienvenido será).

En fin, cuando hablé con Jaime de esto, y luego de revisar los conceptos con mi papá, quedé igual… O sea, sentí que quizá todas esas conductas, que en una sociedad dada consideramos obvias, provienen de la familia.

Me refiero a lo que se hace y lo que no se hace, y cómo se debe hacer lo que se hace.

Pues en la familia, los padres, o al menos los que pretenden ser buenos padres, hacen o tratan de hacer ciertas cosas, como enseñar valores, hábitos, procurar cariño, hogar, educación, etc.

Porque quieren ejercer bien su rol, para que sus hijos estén bien cuidados y puedan ser personas de bien el día de mañana… Entonces procuran dar lo que ellos entienden que son las herramientas para lograr esos objetivos, y así se quedan tranquilos.

Nunca yo lo había visto así. Nunca vi tan claro que todo eso es para la tranquilidad de los padres, para que sus hijos logren lo que esos padres consideran que deben ser los objetivos a los que hay que aspirar.

O sea, que son aspiraciones de otros, no propias y que sería conveniente re-evaluarlas y eventualmente adaptarlas o desecharlas.

Entonces, me decía Jaime:  “Chile cría hijos obedientes. Y ahora se valora la gente creativa, innovadora, y eso no sale de hijos obedientes”.

También me dijo que la gente se preocupa del país que le dejará a los hijos… Que eso a él no le importa nada, que lo que sí le importa es qué hijos le vamos a dejar al país…

Alguna vez yo también pensé esas cosas, pero me olvidé. Y me achaqué con un contexto que yo veía aplastador… y sigo viendo… Pero hablar con Jaime me hizo re-considerar todo eso.

No sé cómo retornamos al tema de contexto y a que eso en verdad es personal, que se construye con relaciones, y entonces me dice algo como: “Yo decido que voy a construir mi contexto, porque yo quiero decidir que no soy víctima de las circunstancias, sino que soy protagonista de mi entorno”.

Sí, son cosas que he escuchado, que se dicen N en estos temas de liderazgo y eprendimiento… Pero donde, muchas veces, en la realidad, te topas con paredes GIGANTESCAS que te te hacen des-creer y sentir que todo eso quizá no son sólo palabras bonitas para algunos, pero sí para la mayoría, y lo más importante, para uno.

Sin embargo, algo me pasó con ese mismo discurso en Jaime ayer, donde eso, que he leído y escuchado miles de veces, y que hasta he desestimado por ser iluso en Chile, se me hizo algo a considerar.

No sé cómo el contexto se volvió una posibilidad, más que cierta o falsa, una cosa a diseñar, y eso me permitió sentir existe la libertad de dirigirse uno mismo y no sentirse atratapado por redes invisibles e inamovibles, pero obvias e instaladas, y lo peor, tejidas por otros cuyos intereses son opuestos a los propios.

Y fue tan rico sentir rebrotar esa especie de llama interna que, en mí al menos, estaba medio extinguida por lo subyugada que se sentía, que te dice, “dale, tu destino es tuyo”.

¿Será que de alguna forma rara Jaime me inspira o genera confianza o autoridad en esta materia?. No sé. Pero me pasó que sentí eso, y me gustó.

Y ahora que vine a escribir la conversación con mi papá, me dieron ganas de ilustrar la sensación…. Entonces busqué  en Google Images “libertad”, “Libertad interior”, “Redes invisibles”… y nada me gustaba… Me puse entonces a pensar… ¿Qué barreras poderosas han sido vencidas?…Y pensé en volar…

Claro, la idea de desafiar la gravedad ya es arrogante y ambiciosa, y quizá sólo por eso es digna de dejar de lado… o de invertir en ella. Y esa elucubración, tal vez considerada loca, en la mente de alguien, puede partir gestándose en genios como Leonardo, experimentando y fallando.

Pero muchas veces esos errores son avances que se hacen tesoros al ser tomados por otros, con nuevas visiones o herramientas, a veces siglos después, y así se convierten en aviones, en exitosos paracaídas, Alas Delta y demás.

Al principio esas maravillas suelen ser para personas exploradoras y habitualmente millonarias y poderosas… Igual como pasa con todos los inventos nuevos, como los computadores. Pero con el tiempo, puede que se democratizen…

Y entonces un hijo de vecino, con algo de lucas sí, pero no tantas como para ser inalcanzables, puede, también, darse el lujo de volar, por ejemplo, en Parapente.

¿Estarán los avances previos hechos como para que yo, y alguien como yo, pueda atreverse a emprender un vuelo, de esos que cambian para siempre la perspectiva de las cosas, con cierta probabilidad de un hallazgo que permita decir, “sí, todo valía la pena” y entonces cimentar un camino que no se sienta como “el que te tocó” sino como que el que en verdad sí quieres transitar…?

Esas son mis reflexiones al final del día…

El tema es que después viene la noche, y al día siguiente, en general, todo se vueve a ver igual que antes…

Aunque a veces, sólo a veces, en momentos mágicos, esos sueños secretos e íntimos empiezan a dibujarse, despacio, pero también en la superficie… Como el jueves a mí, con Jaime, en un atardecer en Santiago, a principios de abril.

No sé cuánto yo esté dispuesta a invertir en esa semilla… No sé lo que cueste y si yo me atreva a tirarme no más, pero hacerlo, hoy al menos, se siente como una buena idea.

En fin, tras esta pausa de re-lectura, retomo el relato de mi encuentro con Monsieur García…

Lo que me pasó

Lo llamaban harto por teléfono, hablaba corto sí, menos mal. Así que me absutuve de comentarle mi opinión sobre el uso de la famosa maquinita cuando uno está con otra persona.

Y bueno, ya había pasado un buen rato y aún yo no abordaba el tema propiamente tal…  Y ahí me dijo: “Tenía que estar a las ocho en mi casa y ya son pasaditas, pero es que está entretenido aquí”….

Ja. Me gustó que me dijera eso, así que me puse valiente y le conté el detalle de lo que me pasó.

Le dije que di un par de clases de Identidad Corporativa, tema en el que he hecho varias asesorías durante el 2011. Yo, le conté, en dar clases tengo vasta experiencia y en general obtengo MUY buenos resultados y un muy favorable feed-back.

Por otra parte, sobre esta materia en particular, en verdad me parece que sé mucho y siento que en impartirla no soy buena, sino que ¡Debo ser la mejor del planeta! (Ja, no soy buena haciéndme propaganda, pero esta vez me lo voy a permitir).

En fin, le dije que hice un par de clases que a mi juicio fueron espectaculares. Le conté que partí mostrando el Monólogo de la Agrado, en la peli de Almódovar “Todo sobre mi madre” (él no lo recordaba, así que se lo conté).

Esto era para comenzar a tratar el tema de cómo nos ven, cómo nos vemos y cómo queremos ser vistos. Donde si bien se supone que debería haber cierta simetría, no siempre es así.

De hecho, para ilustrar esa situación usé esta imagen del tipo con pelo que se ve al espejo pelado…

Conté que eso pasa con las personas anoréxicas en forma evidente, pero también pasa mucho con las personas y las entidades, aunque de un modo menos obvio.

Luego de eso, toqué el tema de cómo vemos a los demás, hasta dónde los vemos como son en verdad o sólo cómo queremos que sean…

Para eso usé como recurso una de mis películas favoritas de la vida, una italiana que se llama “Están todos bien” , de Tornatore, del 90.

Los gringos hicieron un súper re-make con Deniro de protagonista… Y usé ese trailer, porque el de la original no lo encontré en Youtube.

Tras ello, ahondé en el tema de cómo nos vemos a nosotros mismos y cómo creemos que nos ven, para abordareso leí la parte de “Luchito Catalán” del libro “Siútico”. (Que, por lo que vi, fue escuchada con atención y gusto).

En ese pasaje, y es por lo cual lo utulicé, se evidencia muy bien que a veces uno cree construir una identidad X, y cree que lo ven, al menos, parecido a X, aunque puede que el otro te vea como Z. Y tú ni te lo imaginabas, y enterarte de cómo te ven en realidad te puede doler bastante.

(Jaime me dijo que conocía al autor, Óscar Contardo. No está ni el libro aludido, ni esa parte, online, por eso no lo linkeo).

Luego, leí el texto sobre “La escucha tradicional” (el texto que transcribí aquí arribita)…

Ahí se generó un tremendo debate en el curso (de puros profesionales). Se decía que sólo si el ejecutivo tenía un poder igual o superior a la gerente de marketing podría decir a viva voz que discrepaba. Fue tema también el asunto de la arrogancia, se preguntaron ¿arrogancia de quién?…

Además dijeron, con adhesión de varios, que el verdadero arte no era escuchar, sino hacer como que se escuchaba y finalmente hacer lo que uno quería.

(En eso, yo creo, son maestros los políticos… pero eso no viene al caso aquí y tampoco lo comenté en esa clase, ni a Jaime).

La discusión era álgida entre los asistentes. Yo estaba callada y ultra soprendida que esa conversación se produjera. Para mí no resistía análisis, era como cuestionar que el aceite no se mezcla con el vinagre o que las células mutan… Son cosas que son… de ahí que se tomen como punto de partida incuestinable para poder abordar otros temas.

Llegó un minuto en el que me interpelaron, y respondí, lo más serena que pude, que el poder era distinto a la autoridad.

Que una profesora, por ejemplo, tenía el poder para poner la nota que quisiera, pero eso no implicaba que uno considerara que esa nota era justa, o que la profe era buena y que tenía la autoridad para evaluar de esa manera.

También expliqué la etimología de la palabra “respeto”, que habla de valorar al otro como un “legítimo otro”, o sea como alguien único y diferente a mí, y que es valioso por esa “unicidad”.

Y que por lo mismo su perspectiva es algo que yo no puedo conocer y en tanto eso tiene valor para mí, y por ende puede ser un aporte. Que todo eso provenía en gran parte de la postura de Maturana.

Todo lo que se discutía me parecía como ajeno, como que no me estaba pasando a mí. De hecho tuve que explicar lo que es “un legítimo otro”, algo que jamás imaginé que debería hacer, es algo tan evidente para mí… y tan usado desde la universidad, a finales de los 90.

También fue muy raro que cuando dije “Maturana” me preguntaran quién era… Respondí someramente que era un biólogo chileno muy importante y que impartía un programa basado en lo que se denomina “Biología del Amor” en su Centro Matríztica. Finalmente los ánimos se calmaron y continué.

Puse otro trailer, el de “Los hombres que no amaban a las mujeres”. Esta vez para ilustrar que, a veces, incluso los más duchos, con toda la voluntad y todos los recursos, no llegan a la verdad.

Es decir, que el proceso de investigar sobre algo, incluida la Identidad Corporativa, muchas veces requiere de tiempo y a menudo el meollo del asunto está muy oculto y es dificil de develar.

Expliqué, finalmente, que al hacer este proceso bien, lo que se podía lograr era impresionante y que desde ahí era mucho más fácil tomar distintas decisiones.

Lo anterior desde saber si seguir o no con el proyecto, hasta estimar varias cosas futuras. Pasando por optimizar el plan de negocios, descurbir las falencias y fortalezas en las comunicaciones internas y teniendo varios insumos sólidos para considerar una estrategia de difusión externa.

Creo que la clase contó con muy buenos recursos que fueron valorados por la audiencia, que fue muy participativa y que se quedó hasta tarde (la clase demoró un poco más de lo previsto).

Obtuve felicitaciones de una autoridad que estuvo presente y bastante buen feed-back de varios de los asistentes que se me acercaron al final para despedirse.

No obstante, al día siguiente, el que me contrató me llamó por teléfono y me dijo que se había enterado que había un alto descontento con las clases, así que sería todo conmigo en ese programa. Quedé en shock.

Hablé con varias personas, no entendía nada… ¿Cómo tan errada mi percepción de las cosas?…

Entonces, le digo a Jaime: “Me pregunté qué conclusiones serían las adecuadas de sacar de esto; qué lecciones debería aprender… Y por eso quise conversar contigo, para que me ayudes a clarificar eso”.

La visión de Jaime ante mi experiencia

Yo esperaba algo medio catedrático… Algo tipo “Es conveniente considerar X, o en su defecto Y, y hacer Z”… Pero no. Jaime no contestó de esa manera.

Me dice que lo acompañe al súpermercado –una de las llamadas fue para invitarlo a comer y debía llevar algo-. Ahí, en los pasillos del Líder, retoma y me dice:

Yo ya no me hago ninguna de esas preguntas. Si que no les guste al resto lo que uno hace está dentro de las posibilidades, ¿Qué le vas a hacer?. A mí eso me ha pasado MUCHAS veces, y no pesco nada. Filo.

Si uno hace lo que hace con amor, con pasíon, y si lo he hecho 10 veces bien, y una no gustó… Me fijo en las 10 y ya. Pero de ahí a cuestinarme yo, no, ¡NO!. 

Ahora, si te empieza a pasar más seguido… “Ahí sí me debo empezar a preocupar”, respondo… Y él, con su mirada clara y su sonrisa bonachona, me dice “No, entonces… ¡Dedícate a otra cosa!”. Y nos reímos.

Me empiezo a dar cuenta, de cuerpo, de alma y no sólo de mente, que ante una misma cosa hay TANTAS miradas…

Estoy en silencio, pensando en eso, cuando Jaime me empieza a comentar cosas que nos pasaban ahí mismo, en el Súper.

Por ejemplo, nos pusimos en una fila. Jaime tenía tres productos en la mano. Y había un carro vacío en la caja… Entonces nos pusimos en ese lugar, cuando un tipo se acerca y le dice “Caballero, nosotros estábamos primero”… (Me carga lo de “Caballero”, pero eso es tema aparte).

Jaime contesta: “Ah es que vi el carro vacío". El hombre responde: “No, estábamos poniendo todo en un solo carro” y señala otro carro, atrás, que manejaba una mujer. Jaime se cambió de caja. Y yo le dije al tipo “disculpe”.

Entonces Jaime me dice algo como: “Yo no le pedí disculpas, tú sí. Y sí, es cierto que él estaba primero, pero es una caja express para máximo 15 unidades, yo tengo tres, él tiene un carro lleno…. 

Pero… ¿Me voy a poner a discutir con él? ¿Te voy a decir a ti que por qué le pides disculpas si es una cosa entre él y yo?… No. No es mi pega. Yo estoy hablando contigo, eso es lo importante. Yo sigo con lo mío y él con lo suyo y así el impasse se olvida ligerito”.

Luego, en nuestra caja algo pasa que se demora mucho… y volvemos a la caja anterior, a la del tipo del carro vacío, que ya se había ido…

Jaime me dice ahí una cosa como: “Yo no tenía cómo saber que esta caja iba a ser más rápida que la mía… Pero es una posibilidad. No me puedo enojar porque ocurrió una posibilidad”.

Y agrega: “Yo ahora ando apurado… Pero no quiero andar nervioso”… Llegó nuestro turno. Jaime, saluda muy amable a la chica, pasa las cosas y paga con tarjeta. Cero stress.

Despedida

Yo me quedo pensando en todo esto… En que contrario a lo que siempre pensé, no siempre vale la pena cuestionarse, en que las posibilidades son parte de la vida y más vale aceptar que cuando ocurren, aunque no sean las que uno espera, son eso, una posibilidad.

Que muchas de las cosas que uno piensa, para que pasen, requieren, en general, entrenamiento en una serie de acciones.

Esas acciones puede que no nos sean tan naturales, pero quizá parten de decidir un contexto y creer, de verdad, que uno es dueño de diseñarlo como quiere. Y entonces, quizá así se pueda comenzar a ejercitar…. y luego, con el tiempo, puede que esas ideas se materialicen.

 

Me gustó mucho sentir que se puede decidir en lo profundo que se tiene el control sobre la propia vida, y al actuar en consecuencia, se potencia la posibilidad de concretizar esos sueños en la realidad.

Aunque por ahora todo eso sigue siendo como el texto del escucha tradicional… O sea, es algo que para pasar del dicho al hecho requiere un entrenamiento que, para mí, no es tan simple de llevar a cabo.

(Por eso puse esta foto, que habla de un inmensidad que está en blanco y negro, pero donde se puede crear lo que uno quiera, y a veces, sólo se necesita un impulso pequeño, como el roce de la mano de otro, o como, para mí, las palabras de Jaime).

Estas fueron algunas de mis reflexiones tras mi encuentro con Jaime, pero hay otras en la web, de otras personas que también estuvieron con él.

Cuando buscaba los links para este escrito encontré algunos escritos referidos a juntas con Jaime, uno que me gustó fue este (y también me gustó mucho el comentario final, nada menos que de Raúl Herrera).

Jaime se despidió de mí, con las bolsas en la mano. No quedamos en nada concreto, sólo en “escribámonos”. Yo, por ahora, le mandaré el link a este post. El resto, supongo que el tiempo lo dirá.

*Fotos:  Las fotos provienen de diversos sitios web y están linkeadax a su fuente de origen, para conocerla sólo hay que hacer “click” sobre  la imagen.

Update de Domingo de Resurrección:

Hoy releí y corregí esta publicación, agregué lo de la conversa con papá y la foto de Parapente… Eso fue porque recibí respuesta de Jaime y me dieron ganas de venir aquí.

Jaime me contetsó el mail, muy brevemente, no hizo alusión al post, pero me dijo que fue un agrado conocerme y que “claramente lo tuyo es la escritura, y en eso, la narrativa”… Lo cual me lleva a creer que le gustó lo publicado.

Finalmente cabe mencionar que Jaime, además, trabaja en un par de empresas que tienen servicios y/o artículos que encontré muy interesantes. Lo supe al indagar sobre él y revisar las web, éstas son: América Ventas y Con Ver Gente (de esta última me encantó el nombre y cómo lo escribe).

lundi, février 06, 2012

Me pasa…

 

Me pasa que a veces me da rabia pero me quedo callada.

Me pasa que a veces algo me duele mucho, pero hago como que está todo bien…

Me pasa que lo difícil de todo me indigna, me angustia y me bota…

Me pasa que me canso y me canso y ya no quiero tratar.

Me pasa que a veces quiero, pero no me atrevo…

Me pasa que, muchas veces, tengo miedo de atreverme o de no atreverme… y me paralizo.

Me pasa también que me pongo feliz con un mail o una llamada.

Me pasa  además que, últimamente, espero recibir visitas a Azul, desde bien al norte, y cuando ocurren, y este verano han ocurrido algunas, me pongo contenta, nerviosa y divago… 

Suelen ser breves y silenciosa y sé que no necesariamente significan algo. Pueden ser y no ser tantas cosas… Pero me pasa que igual me gustan… mucho y ahora hasta las espero…

Anoche ocurrió. Y desde anoche que me pregunto, otra vez, si mejor sí o mejor no…  Y entonces me acordé de un video que vi hace tiempo, y que postée en el otro blog…

Ese post se llamaba “cuando atreverse marca la diferencia”… y el título es debido a este hermoso cortometraje, que, en verdad, vale la pena ver… (alemán, 15 minutos, música de esas que llenan el alma: ”El sueño del Caracol”)

Pd- Cuando escribía esto sonaba “Música ligera” en mi radio y los versos “algún tiempo atrás, pensé en escribirle”, “nuca sortée, las trampas del amor”, “no le enviaré cenizas de rosas”, “ni pienso evitar el roce secreto” , “nada nos libra, nada más queda” y algunos más me hicieron mucho sentido…

Aquí el video con Soda, y por ende Gustavo Cerati, en vivo… otros tiempos…

samedi, janvier 21, 2012

Sin título

 

No sé cómo titular este escrito. Ni siquiera sé por qué escribo hoy aquí, en público… Ando con un “no sé” gigante en el alma. No sé qué va a pasar… con mi vida me refiero.

La edad, los planes de alguna vez, el destino supuesto, de cierta manera todo se disolvió en la ambigüedad y ahí se quedó. 

Ya no tengo ganas de pensar ni de hacer, sólo me quedo ahí y cierro los ojos, como si así todo quedara en pausa hasta que haya una propuesta clara y seductora, que, obviamente, sé que no existe. Y ya ni siquiera tengo energía para idear un proyecto viable al respecto. Se me cansó el cuerpo y la mente se me paralizó.

A veces se me aparecen luces y me dan ganas, y las escribo, como que me aferro eso, y lo hago, o en parte, aquí, en twitter o en FB, pero no es la tónica.

Me obligo a hacerlo, porque eso queda y luego, cuando todo se hace oscuro de nuevo, lo cual ya es demasiado habitual, leer eso ayuda a pensar, a sentir, que sí se puede y así dar un pasito hacia algún lado…

El último post lo escribí así, desde una nostalgia rara… Recordando y plasmando, quizá justo lo que no debo, lo que no hace bien, y que además no fue ni tan bueno… Pero no sé por qué me pasó que lo quise escribir y lo hice… 

Supongo que tiene que ver con que a veces he tenido buenos momentos y necesito explicitarlos, para leerlos después quizá… Sí, varios momentos con él, sobre todo nocturnos y con vino guitarreado, fueron de verdad muy buenos…

Pero pasaron unos días y pensaba que nada que ver publicar ese texto, que mejor  lo borro… Pero como según yo nadie lo leía, seguía ahí, un poco neutro, esperando quedarse hasta un nuevo artículo, y, de todos modos, a un paso al “delete” definitivo…

Y entonces vino él, el aludido, y vio lo que (le) escribí y hasta comentó.

Quedé absolutamente helada.

Él que en un año casi no me leyó, y cuando lo hizo fue porque le mandé un mail para que lo hiciera, y debe haber sido una o dos veces, por cosas puntuales. Una vez le pregunté si a veces me leía, me dijo que no. Pero también me comentó un par de post que leyó… En resumen, venía muy muy muy de cuando en vez, y en todo caso eso era antes, cuando yo sentía que le importaba… aunque él tuviera esa pose distante conmigo.

¿Cómo me iba a imaginar yo que ahora, luego de casi tres meses de un riguroso silencio entre ambos, cuando está tan lejos, cuando probablemente tiene muchas cosas en la cabeza, y seguramente sigue con un anillo en su dedo, él podía venir justo acá, justo cuando, luego de varios post de otros temas, en portada yo escribí algo sobre él… y además dejar un comentario?… Era impensable para mí.

Esperé mucho tiempo su retorno, hasta que asumí que no pasaría… Pero apareció. Amable, público, breve, virtual. Dudo que vuelva, por lo menos en mucho rato.

Me pasaron tantas cosas con su visita… Me gustó, pero me dio lata también… Me dio lata que viera que lo sigo echando de menos, y sobre todo me dio pena que no haya ninguna posibilidad de hablar, de retomar quizá… Me dio pena que él sepa que siga siendo tema para mí.

Me pareció que debo borrar ese post también, pero no sé. Mi “no sé” está tan instalado, que ya no puedo decidir ni cosas tan simples como esa.

Bueno, su visita contribuyó a fortalecer las cosas raras y tristes que estoy sintiendo en este enero de 2012… Enero suele gustarme mucho, pero este año no ha sido así.

Ha sido muy angustioso, muy caluroso, con muchos “no” y sin mar… Y si se toma como augurio del año… Realmente me encantaría que fuera verdad lo del fin del mundo.

samedi, janvier 14, 2012

Recuerdos que la memoria debería archivar

 

Llego a mi casa y falta instalar la cortina de totora que me regalaron para la entrada (y que debo ir a buscar). Veo, y ahí están los repuestos, nuevos, que compré en julio para arreglar el horno, ese día del partido de la U cuándo íbamos a hacer pan, ¿te acuerdas?.

Salgo al balcón y las manchas de la pintura, esa media plástica con la que pintamos los closets, están ahí, en el piso, y también en algunas partes del suelo del baño y la cocina.

Está también el riel de 2 metros que trajimos en el auto, con la ventana abierta, esa vez desde el Easy del Alto Las Condes, cuando fuimos para allá porque ahí estaba el Jumbo y necesitabas comer cosas sanitas por tu guata, y te conté que ahí vendían…

Ese riel era para la pieza donde están las cajas… que siguen ahí, como el riel, esperando su lugar definitivo… Y, así, podría continuar enumerando varios arreglos conversados, pero que se quedaron pendientes…

Es cierto que podría conseguir a un maestro para varias de esas cosas… El tema es que veo todo eso, te recuerdo, y hasta ahí llego con la acción. Me paralizo.

Me vienes a la mente haciendo todas esas cosas, y luego nos veo a nosotros hablando. ¡Hablábamos tanto! con música del computador y tomando vino tinto.

Echo de menos esas veladas, llenas de conversaciones, merlot y  luces de la ciudad, comentando las cosas de la vida, con cantos y risas.

Echo de menos contar contigo  para arreglarlo todo, (y mucho, últimamente, porque tengo unas goteras nuevas), pero, particularmente, extraño tu compañía.

Ahora en verano, que tengo tiempo, que los días son más largos y leo diversas cosas y cocino bastante, echo tanto de menos compartirlas contigo. Sí, pienso en eso y te echo de menos… un montón.

Y entonces me obligo a recordar lo otro. La parte mala para mí. Las desconsideraciones varias, en especial con respecto a mi tiempo. La distancia en varios flancos, que te esmerabas en que no se extinguiera… Recuerdo que me daba tanta pena y tanta rabia, que llegó un minuto que fue demasiado, inaceptable para mí.

Instauré entonces la ley del hielo, como estrategia o esperanza de que me echarás de menos, quisieras recobrar lo que teníamos e hicieras algo… pero me salió el tiro por la culata. Y me dolió. Mucho. Mucho más de lo que pensé que me podría doler…

También recuerdo que, antes de eso, pero también después, un par de veces mandé a la cresta esos sentimientos por un rato, y sí, fue bueno, pero también por un rato.

Luego esas sensaciones asquerosas de sentirse así, tan… prescindible, desechable y demás, retornaron con ese poder monumental que tienen las cosas que no se deben tolerar… Y bueno, la grieta se hizo presente… Y hasta ahí no más llegamos.

Recuerdo eso y me da pena, pero me vuelve la calma. Y ahí me obligo a no pensar en ti, y me resulta… Hasta que veo o escucho algo que, por alguna razón, me hace evocarte, como algunas de tus frases o palabras : “guatita”, “whatever”, “primitivo”, “hoy juega la U”, “ buena idea”, “esa es la actitud”, entre otras.

Entonces pienso en qué andarás… Y recuerdo esto y aquello e imagino en qué debe estar tu cabeza y tu alma en este minuto, y me doy cuenta que no tengo ni un milímetro de espacio ahí.

También me acuerdo que no somos amigos, y que no hablamos (y que seguramente no lo haremos más, ¿qué podríamos decirnos ya?). Me da mucha pena. Pero me digo que así es…

Normalmente todas estas cosas me pasan de noche, acostada, sola, cuando ya la mente está cansada y no decide…

Y entonces cuando mi memoria termina de darle vueltas a esos pensamientos, que debería archivar en un aparatado de “no abrir”, suelo decirme que mañana será otro día… donde puede ser que no te recuerde. Y sí, a veces lo logro.

El sueño se hace así mi mejor aliado, porque hace que te olvide… aunque sea por un rato… que, quizá, de a poco, se haga cada vez más largo.

vendredi, janvier 06, 2012

El poder de la verdad

Hoy fui a una entrevista de trabajo (sí busco pega, otra vez, atroz, pero ese tema amerita post aparte). El ir a esta entrevista fue una sorpresa de regalo de cumpleaños (sí, 4 de enero, como todos los años, 39 esta vez, que me carga reconocer pero así es; a uno de los 40). En fin.

Ir a esta entrevista fue una sorpresa porque creí que el proceso ya había sido resuelto. Mandé CV (por el diario), me llamaron a entrevista, hablé con el dueño. Me mandó al paso 2, al sicólogo. Y éste me dijo en una semana se sabría…  Y ya habían pasado tres. O sea, yo asumía que no. Pero no fue así.

En el intertanto, mandé más mails, me medio comprometí con cubrir dos eventos, a hacer una entrevista y estaba “pololeando” con una oferta en el sur… Nada concreto… Pero con varios “anzuelos”, como dice una amiga mía muy querida.

Además, el martes vino a comer conmigo mi amigo de Londres y hablamos. Obvio salió el tema laboral. Y me dijo varias cosas, pero sentí que su  principal consejo era focalizar el objetivo en lograr tener el trabajo. Luego se veía lo demás. Pero eso era lo primero. Parece de lo más lógico y cuando me lo dijo le encontraba toda la razón.

Al día siguiente, para mi cumple, me llaman para agendar esta entrevista. Para hoy.  Es en un buffet de abogados de lo más inn. Puros cabros (+-30), salvo el dueño, 43 o por ahí.

La Entrevista

Me entrevistó “la guagua”… 27. Nombre y apellido cuicón, rubiecito y ojitos claros. Pantalón crema, camisa blanca rayada celeste, manga larga pero arremangadas 3/4, sin corbata, pelo corto, mocasines café. Sonrisa pep, voz raspadita y un amor. O sea perfil San Ignacio de El Bosque.

Él me dijo que el dueño le había pedido una segunda opinión, y por eso me entrevistaban de nuevo. (Raro igual que alguien más de 10 años menor que tú te entreviste… en fin).

Hablamos de esto y lo otro, muy grato todo, hasta que me dice “¿Disponibilidad?”.

Y recordé el seminario de las mujeres temporeras en la FAO al que me comprometí a cubrir, el Seminario de Transparencia que organiza el PNUD, y claro, la entrevista para el libro en Italia, y todo era para enero…

Cuando iba en camino a esta entrevista, supe que le iba a decir sobre eso. Que ya eran compromisos adquiridos, que yo no sabía de esta posibilidad, que salieron hace poco, en fin. Lo que no sabía era que le iba a decir más…

Y ahí, ante la pregunta del joven lawyer agregué: “Yo hago colaboraciones. No son muchas, no son siempre, no son todo el día. Pero pueden ser y luego requieren proceso (tiempo).  Y me gustan y me sirven. O sea, necesito tener la posibilidad de cierta flexibilidad horaria”.

Me sudaban las manos cuando le decía. Pensaba que la estaba embarrando, que me estaba poniendo la soga al cuello sola. Que el objetivo era tener la pega, no ponerse regodiona sólo por “el por si acaso”. Que no tengo ropa para ponerme regodiona en este momento, no hay nada bajo la manga. Nada seguro ni bueno. Esto era estable…posible… Y yo ahí, exigiendo… ¿sería imbécil?

Ya me había pasado tanto llegar a “oye, súper cv,  ¿expectativas de renta?, ah no, sorry, fuera de presupuesto, gracias por el interés igual, bye”.

(PUTA que me da rabia eso de que te pidan expectativas de renta. Debería ser ilegal poner a una persona que anda buscando trabajo en la posición, además, de adivinarle el bolsillo al potencial empleador. Uno obvio que quiere más. Quiere que alcance para lo básico al menos, pero quiere más. Quiere que sea, por lo menos, justo por las funciones, tiempo y responsabilidad que asume. Nadie va a buscar pega por altruismo, para eso se hace voluntariado. Y “adivinar” lo que el otro está dispuesto a pagar no es simple. Sobre todo porque las ofertas son del tipo “ Lugar serio que es súper top, busca profesional de excelencia para…. y luego “no, fuera de presupuesto”. El único indicador que uno sabe “ah, es poca plata” es “con poca, nada o hasta un año de experiencia”.  Que pusieran las rentas le ayudaría tanto al país, y a los futuros estudiantes, a saber cómo en verdad son las cosas. En fin, eso es para otro post, y sorry por las malas palabras… pero me indigna esto).

El asunto es que yo sé que ponerse regodiona significa “Next” para uno. O sea, que mejor NO. Porque el precio es seguir sin pega…  Y la angustia, y los fantasmas de vivir en la calle, etc. Si no hay plan B, NO o es el momento para ponerse a no dar facilidades…

Pero, a pesar de todo estos pensamientos y certezas, de toda mi lógica impecable, de todos los buenos consejos de mis amigos y mi almohada, ahí estaba yo poniéndome “exquisita”.  

Había algo en mí que exigía contar con cierto grado de libertad explícito, para poder al menos considerar la idea de manejar un poco mi tiempo,  sin tener que inventar una muerte de un tío en Tumbuctú o conseguir una licencia médica.

El chico perfil anotaba, me decía cosas como que me entendía, me encontraba valiente por decir (y yo pensaba  ¿serás tonta? ¿hasta ayer no decías que cualquier cosa con tal de poder pagar las deudas antes que sigan creciendo aún más?… ¿y entonces por qué esta exigencia ahora ?). Pero ahí seguía yo… Tratando de equilibrar mi pedido.

Y así me sale “que por supuesto dejaría coordinado las cosas, como cuando uno se va de viaje, para que todo funcione y obviamente tendría prioridad la oficina y evidentemente avisaría con anticipación"… Y tal.

Y yo, mientras me escuchaba decir todo eso, que me fluía como lava de un volcán sin tregua, pensaba en mi cabeza estratégica ¿pero qué estás haciendo, por qué poner tanta limitante por algo que es tan poco usual, por qué poner en jaque la posibilidad de una pega, estable que tanto necesitas, por la eventualidad de unas colaboraciones, no escuchaste ayer a tu hermana capa que te dijo que no estábamos para ponernos románticos, no le encontraste razón a tu amigo de que primero entrar, luego el resto… y entonces, por qué esta conducta, se te salió un tornillo?…

En fin. La conversación duró hora y media. Fue muy entretenida para mí, él dijo que fue muy interesante para él y creo que los dos lo pasamos bien.Fui a almorzar entonces con mi amiga de la FAO. Le conté.

Los otros

Ella es igual a mí… Y me entiende. Y claro, hablamos de que uno sabe cómo son las cosas y que al final siempre emergen…

Le conté sobre un amigo-colega, que dejó sus clases, o sea, sus extras (que en miles de casos son 1/3 del presupuesto que uno requiere) porque en su pega estable –algo tan escaso y pretendido- le dijeron que no podía seguir con ellas, porque eso implicaba llegar dos mañanas media hora tarde…

Él hizo clases varios años, no sólo le dio dinero extra (eso es, extra, se paga muy poco, lo sé, fui profe de U 7 años), pero te dan muchas veces, no siempre –como se cuenta acá- pero la mayoría de las veces sí, cosas invaluables: Ganas de saber, sentido de que estás en lo tuyo, que aportas a ti y a otros, necesidad de estar actualizado… En resumen te dan vida, esa que justo se denota cuando vas a una entrevista, y ven que tienes energía, seguridad, conocimiento… para tener eso, dar clases es wow).

Bueno, este amigo, igual que yo el 2007, optó por su pega estable y dejó sus clases. No eran compatibles, según los empleadores, claro.

El asunto es que ese extra, en ánimo y en plata, se fue a las pailas. Ahora teme que lo echen y quedarse sin nada. (A mí me pasó.) También recordé lo que me pasó con tres personas, distintas, en la vida. Donde yo dije “así sí y así no”… Y me arriesgué, pero fue sí. Y fue perfecto, en esos ámbitos al menos (no laborales).

También recordé un par de situaciones laborales, donde no dije desde el principio… Para no tener la opción de un No. Dije que sí no más. Y sí, tuve la parte buena, un tiempo. Pero la parte mala, que efectivamente llegó, a veces antes y otras algo después de lo estimable, fue MUY MUY mala.

Por otra parte el 2010 y parte del 2011, para titularme de periodista, hice una tesis sobre la Ley de Transparencia, y sé que al final todo se sabe y que uno se ahorra tanto dolor y problemas con claridad desde el principio.

Este año todo eso se evidenció tanto con las marchas, lo de Hidro Aysén lo de las isapres (sus enormes utilidades), las AFP y la “sociedad” con los bancos (que lucran a intereses usureros con la plata cautiva de los trabajadores), lo de la OCDE (desigualdad de Chile), lo de Karadima (el abuso en todos los sentidos), los 80 y demás producciones fílmicas que retratan el período de represión que tanto se ha relativizado, lo de “dictadura versus régimen militar”, lo que leí en Ciper sobre la RSE del ejército, y tanta otra cosa, que evidencia que es mejor poner las cartas sobre la mesa, al menos las que uno conoce y sabe que serán o podrían ser tema, desde el inicio.

Pero, cuando se trata de uno, cuando revelar puede tener un costo importante en cosas relevantes para ti. Como quedarse sin la única posibilidad de trabajo cuando estás endeudado hasta la tuza… Puede que sea coherente, valiente y hasta inteligente decirlo. Pero es prudente y, al menos en primera instancia, conveniente, callarlo. ¿Qué hacer entonces?…

En fin, hablamos con mi amiga de cuando uno sabe pa dónde va la cosa, pero la premura es tal que uno dice “filo, en el camino se resuelve la carga, y ahí veremos, y a lo mejor tengo suerte, y tal”… Y luego, habitualmente, pasa lo que se temía. Y duele. Y cuesta. Y uno dice “si yo sabía”…  Y sí, a veces vale la pena... Pero casi nunca.

Las preguntas y los miedos

¿Cuándo sí y cuándo no?… para mí, en lo laboral, el factor dinero importa, y harto, pero curiosamente puede no ser el determinante… Pero en este caso, según yo, lo era.

O sea, no tengo ni uno, necesito pega urgente, digo que acepto lo que sea… Pero a la hora de los que hubo me pongo así… No entendía qué pasaba conmigo. Aunque mi amiga me entendiera. Aunque yo supiera que decir la verdad desde el principio puede ser mucho mejor después,  primero tiene que haber la opción de un después….  O sea, un “sí, acepto” primero. Y yo no  tengo.

Esta vez, si bien la urgencia existe, realmente, yo no sabía por qué permitía que estas eventuales colaboraciones estuvieran poniendo en jaque mi potencial contratación… Simplemente no pude evitar dar cuenta de ello.

Después de almuerzo iba a ir donde mi papá, a la piscina y a ayudarlo con unas cosas… Pero me agoté con todo eso y me vine a mi casa.

Algo me pasaba… Quería leer, ver tele, descansar, comer y pensar… Necesitaba pensar qué estaba mal conmigo, qué iba a hacer con mi vida… ¿Habría algún camino? ¿Estudiar fuera de Chile, una beca?… Y todo se me aparecía tan difícil a estas alturas….

¿Me iba a quedar sin nada por andar pidiendo cosas que son “lujos” en mi situación? ¿Por qué soy así y hago estas cosas?… Y así se me fue un buen rato divagando con “Las Películas de mi vida”, de Fuguet, casi por terminar, en la mano. Hasta que me agoté de nuevo y vine a mi cama y prendí la tele….

Delfina y José Ignacio

Estaba la Delfina Guzmán. Ella siempre me cayó regio, pero me cayó aún mejor cuando la entrevisté, en su casa, el 2011 , para el libro, como en agosto. Así que me quedé pegada en TVN.

Era el programa “Fruto Prohibido”, nunca lo había visto. O sea, nunca me había detenido a verlo, pues además de que casi no veo tele local (salvo “Sin Dios ni Late” el último tiempo, y “Los 80”, por supuesto), el par de veces que hice pausa en ese programa… Me aburrí.

(Y eso que la Kathy Salosny me cae regio también, sobre todo desde el 2005 cuando caché que era alumna de yoga de mi amiga querida, pero me da vergüenza ajena que en un país como este, con quién ande o deje de andar fulano o fulana sea tema, habiendo tanto problema real que debería hablarse…).

En fin me quedé viendo a la Delfina. Me encanta ella, la encuentro top… sube el nivel de la conversación. Luego apareció la Pamela Díaz… casi me fui del canal, estaba buscando el contro remoto para cambiarlo de hecho, cuando le preguntaron a la Negra algo de que quería cambiar su apellido…

Yo, debo reconocer, pensé “ah no, la estupidez ya se puede legalizar y todo” creyendo que ella quería cambiarse el “Diaz” por algo más “rrrrrrizonante”. Esperé para confirmar… Me tuve que morder la lengua. No era eso. (Menos mal).

Pamela contó entonces que ella no tiene ninguna relación con su “padre biológico” (qué heavy tener que hacer estas distinciones verbales…). La Negra dijo que no sabe si está vivo o está muerto, que ella tiene un papá, el que la crío, que se llama no sé cuánto Álvarez, y ella cree que hay que ser agradecida con el cariño y el amor que recibió y por eso quiere ponerse el apellido de él.

Los animadores le preguntaron cosas, como si no necesitaba saber, qué pasaba con la identidad, si este tipo de había querido acercar, etc. Pamela decía que ella no tenía una carencia y que a ese señor no le conocía y no le interesaba conocerlo, entre otras cosas.

Yo pienso igual, pero me llamó la atención esta postura. Tan clara y tan firme. ( Y recordé que la postura es un poco al revés al final del libro de Fuguet, que terminé ayer).

Delfina entonces dijo que le encontraba toda la razón, que no se pueden inventar los vínculos. Era interesante lo que decían…. Para algunos generar aunque sea medio a la fuerza ese vínculo con el progenitor es relevante, y para otros eliminar el apellido que te recuerda algo que sientes que no eres es la tónica.

Era interesante lo que decían, porque cuestionaba el concepto de verdad personal.  O sea, Pamela sabía quién era, el tema no era la identidad. Sino que para ella, su verdad es que el señor Díaz no es nadie. Y para tener coherencia entre su verdad y su identidad quiere cambiarse el apellido. Seguí viendo.

La voz del alma

Entonces traen a “José Miguel Valenzuela, un padre normal, que salió del closet, y ud. ni se imagina de qué hablan”, dice la introducción a la nota.

El aludido es un señor de 60 y algo, medio guatón y medio pelado, canoso, de ojos azules y de una mirada sonriente. Con señora, 4 hijos, varios nietos y uno en camino. Un tipo adorable a los dos segundos de pantalla.

Y entonces aparece que es el padre del guionista José Ignacio Valenzuela, quién hace algunos años, le reveló que era gay.

Y mostraron cómo su familia tomó eso. Su papá, que parece Viejo Pascuero, gordo, blanco-colorado, bonachón de presencia… Su mamá entera linda… Hablan de que fue nervioso conocer a Anthony, la pareja (claramente amanerado) de Mister Valenzuela. Cuentan también que el abuelo, el padre del padre, se enojó mucho… pero al par de días lo llamó  llorando y le pidió disculpas. Terminó la nota.

Apareció el padre en el estudio. Yo estaba impactada, algo me pasaba en el alma, y después caché, gracias a la Delfina que dijo la palabra… Yo, como ella, estaba profundamente conmovida.

No sabía por qué, pero me conmovió esa apertura, esa aceptación…

A este guionista lo conozco. No somos amigos pero me cae top desde siempre. Fuimos compañeros de colegio (él un año más arriba que yo). Tomamos, como a los 15 años, un taller de literatura juntos, en Vitacura, con Ana María Güiraldes (que era amiga de la mamá escritora de una compañera mía de curso, y era, supe hoy, tía de él -Güiraldes es su segundo apellido-).

Nunca supe que era gay, no lo pensé tampoco. Nunca supe de alguien homosexual de mi colegio.

Lo que decía el padre era de un juicio tan lúcido… Entonces aparecieron sus hijos hablando de él. Su hijo en Sydney y José Ignacio.

Ambos orgullosos de este padre… No hablaron de que era un trabajador incansable, un tipo recto, de rigor… etc. Hablaron de un hombre cálido que les dio espacio, apoyo, amor incondicional… J. Ignacio dijo “todos deberían tener un papá como tú. Eres como el premio gordo de la lotería”. Se me llenaron de lágrimas los ojos. Creo que después de esas declaraciones, sinceras y conscientes, sería imposible para un padre pedirle más a la vida.

Le preguntaron por Anthony. Él dijo que rápidamente se hizo parte de la familia. Que es ultra querible. Que si una de las niñitas (sobrinas de JIgnacio) está enferma en Sydney, él se pega el pique a verlas, cuidarlas… y “el pasaje no es barato”…

La mamá de Jignacio , en la nota, de hecho dijo que cuando se van, ella echa más de menos a Anthony, que es más compañía para ella… También le preguntaron a este señor qué pasaba cuando le preguntaban quién era Anthony, y él respondía “la pareja de mi hijo. Y entonces si hay algún problema, es del otro”.

Yo veía y escuchaba todo esto y una luz me tintineaba en el alma… Entonces enfocaron a Delfina, y le preguntaron qué le pasaba… Y ella dijo: “Qué poderosa es la verdad. Uno a veces tiene miedo, pero qué poder tiene la verdad cuando chas, va derechito, dice lo que es. Estoy profundamente conmovida”.

Hablaron de más cosas, lo de una madre con hijo gay… de decir las cosas como son (de lo que se jacta Pamela), de que los UDI son tontos (según Delfina) y que no se puede eufemizar la dictadura, que eso fue y se llama así… O sea, hablaban de decir la verdad.

Yo veía a J Ignacio tan feliz, a esa familia tan feliz, tan inteligente y tan sana en su discurso…. Tan cercana. Tan despojada de tonteras. Pero seguramente asumir esa condición para este joven, alto y rubio escritor, en su minuto no fue tan fácil. Quizá. Seguramente intuía que sería bien recibido, teniendo gente tan evolucionada en su entorno. Pero para muchos no es así.

Muchos que se han atrevido a salir del closet han padecido lo “primitivo” de su entorno. Una aislación. Y uno puede pensar ¿para qué dicen, por qué no se quedan callados, y hacen lo que quieran puertas adentro, por qué uno se tiene que andar enterando por dónde les gusta, y tener que tener una posición de aceptación porque es lo políticamente correcto en el siglo XXI?…

Y creo que esa necesidad de poder ser reconocido en tu diferencia te gana. Le gana a la conveniencia. Le gana a la cabeza lógica. Y son estas revelaciones, estas demandas, las que logran cosas. Las que logran cosas, como que las mujeres voten.

Eso pasa porque en un minuto las mujeres decidieron tener derecho a pensar y decidir…. Y frente al “pero lea en su pieza y converse aquí en la casa conmigo y mis amigos, y yo le prometo que voy a canalizar sus ideas si son buenas…. votar es para los hombres… usted lea tranquilita pero para usted, para la galería, cocine y borde”… Pero hubo mujeres que también sólo querían  tener un espacio para decir, y eso pasaba por mostrar que pensaban, que proponían, que decidían.

Ser reconocido por lo que uno es en la sociedad, es importante para las personas. Y pasa a ser determinante en ciertas ocasiones. Tener el derecho a… al margen que lo ejerzas. Así nace la burguesía, de hecho (que tenían educación y dinero, pero no derecho a tomar decisiones por no ser nobles de cuna). 

Y en términos más domésticos tener, por ejemplo, el derecho de acompañar a tu pareja, con o sin papeles. Y ahí JIgancio dijo que a él le daba pánico no poder entrar a la UTI si a Anthony le pasa algo, pues no es pariente directo.

Ahí entonces uno entiende que revelar ciertas condiciones no sólo son importantes a nivel cultural, lo son a nivel práctico. Y por eso la gente lo hace, por eso se enfrenta al miedo que le da decirlo y a las posibles consecuencias, buenas o malas que pueda tener, porque estar contenido tiene fecha de caducidad. Es así. Somos seres emocionales.

A la Delfina entonces, o antes, no recuerdo bien ya, le preguntan por el teatro.  Donde ella dice, algo que a mí me explicó en persona en forma detallada, que ella dejó a su primer marido por el teatro. El costo fue que le quitaran la tuición de sus hijos. Y que ahora éstos lo entienden, cuando ella lo supo plantear. Pero fue tremendo el costo. Y ella explica, entonces, algo así:

“Cuando yo me subía al escenario, inmediatamente la felicidad era plena. Completa. Y la búsqueda de la felicidad es algo muy importante, trascedente. Y cuando la encuentras, cuando sabes que la encuentras, simplemente no puedes renunciar a ella”.

De alguna manera todo esto se me vinculaba con mi entrevista. Con lo que dije, a pesar de todas las necesidades y miedos que tengo.

Recordé entonces algo que le leí a la Pilar Sordo en “Con el Coco en el Diván”, hace poco. Cuando le decía a sus pacientes adolescentes que al pensar en una carrera, pensaran en eso que si lo tuvieran que hacer mil horas, al final del día iban a estar felices…

Y si bien sé hace tiempo que la verdad nos hará libres y que siempre se sabe, no sabía que puede tener el poder de trascendencia de hacerte la persona que eres, y que sin eso, nada va a funcionar. 

La revelación

Y entonces entendí lo que me pasó hoy con el abogado bello del buffet ABC1. Yo necesito sentir cierto grado de libertad para administrar mi tiempo. Necesito saber que puedo ir a entrevistar a alguien o a un seminario porque eso me da extras invaluables, me nutre el alma, a veces me da dinero también, pero no siempre, pero me da ganas de crecer. Necesito no tener que mentir para poder tener derecho a eso…

En el servicio público hay días administrativos… En la Cepal no se trabajaba los viernes, no se marcaba tarjeta, en el Fonasa yo era del equipo directivo y si tenía que faltar, avisaba, no pedía permiso. Y bueno, las clases son por horas. O sea en general he podido administrar mi tiempo 8claro, N veces implica quedarse hasta las 11 pm o más incluso, pero para mí vale la pena). Y cuando no pude tener eso, lo pasé pésimo. 

Sé que lo privado son miles de horas, normalmente no te pagan horas extras, e ir al sicólogo, al dentista o a entrevistar a alguien es un problema, entonces la gente o no lo hace o consigue licencias e inventa cosas… Yo no sirvo para eso. Esto de la esclavitud pagada (y a precio de huevo normalmente) es malo para todos.

Yo sé que todos queremos sentirnos dueños de nosotros mismos, pero que por las exigencias de la vida diaria no siempre se puede y demás, que no es fácil… Que puede tener costos heavies.

Incluso el suicidio, para muchos, como sabemos, se da por la incomprensión del entorno y/o el no poder sobrellevar su propia condición de diferencia (de homosexualidad, pero tb de mujer, de artista, de pobre, de triste, de minusvalido,  de viejo, etc.). O sea, una condición distinta a la que se quiere o se necesita en el contexto X para tener cierta normalidad.

Es por eso mismo que hay N gente que no sale del closet, en toda la amplitud del concepto. O sea, no decir una verdad cualquiera porque quizá puede se teme que el resultado peor, por ejemplo acusar a alguien de algo. Como a un golpeador. Como a un jefe inadecuado. etc. Lo entiendo.

Y hay gente que, pese a la  eventual y probable inconveniencia de revelar, no puede evitarlo. Porque siente que es imperativo, que no puede callar ni transar en eso simplemente, porque si lo hace se va a la cresta y nada tiene sentido… Es determinante, como una necesidad biológica, es, guste o no. Y lo hacen, cueste lo que cueste. Yo, con respecto a pedir cierto grado de libertad, soy así.

No es que quiera ser así, no es que encuentre que está bien o mal serlo, no es que no quiera contenerme… Simplemente es como respirar para mí. Como querer escribir. Como medir un metro 62. Es no más. Y negarlo u ocultarlo, no sé por qué, no me resulta, aunque quiera.

Eso era lo que me pasó hoy en la entrevista. Necesitaba, como Delfina, como JIgnacio, no ocultar mi verdad determinante.

En mi caso no es un oficio o una tendencia sexual poco adecuada a mi medio social, como ellos, es una necesidad laboral que no cae bien: cierta libertad y flexibilidad horaria. Se entiende: con ciertas condiciones de dejar cosas listas, pero sin tener que recuperar tiempo y sin tener que mentir.

El medio laboral es déspota. Me gustaría ahondar en eso, pero es para otro post, como ya dije.

Yo no pude dejar de pedir esta cierta eventual flexibilidad. Quizá por decir la verdad desde el principio, me pesquen. O quizá justamente por eso mismo, como saben que mi disponibilidad no siempre será completa y exclusiva, entonces no. Y yo me pegue, otra, vez, contra la pared.

Hasta hoy, sentía que yo podía ser tonta con esta postura, tan poco estratégica. Luego de este programa, de lo que dijo Delfina del teatro para ella o Jigancio y su salida del closet, entendí que no es una decisión, es una condición, una verdad, que es demasiado poderosa… Inocultable.

Y que sí, hay gente que la puede esconder a un precio atroz, otros la revelan a un precio atroz también. Pero que hay gente que no lo puede, casi biológicamente, ocultar. Yo soy de esas, con respecto a la libertad personal. Necesito sentirme libre para poder respirar.

Y sí, ha tenido, tiene y seguramente tendrá costos altos, a veces hasta impagables, para mí. Capaz que me arrepienta, como N veces cuando me dicen “fuera de presupuesto” y yo pienso que por qué no pedía menos… Y sé por qué… Por qué ya llega a ser indecente, pero igual me lo digo, porque es más terrible no tener nada.

Pero cuando llega otra oportunidad, lo vuelvo a hacer. Me supera. Aunque quizá la realidad me supere después. No sé. Espero tener un golpe de suerte, como Delfina que pudo actuar, o Jignacio que pudo compartir con Anyhony y con su familia, y hasta en la tele…

A mí, quizá, me aparezca un empleador que entienda que darle espacio a cierta libertad personal, materializada en cierta flexibilidad horaria, puede darle a sus empleados un valor agregado importante para sí (como en Google)… Y entonces, quizá, valore que yo lo sepa y lo plantee desde el principio. Ojalá aparezca pronto, veremos.

Links:

Lo de la Delfina en la tele.

Y lo del padre de JIgnacio

Pd- Hoy iba en el taxi y escuché “La mujer que yo quiero” de Serrat…. y cuando dice “pero ella es más verdad que el pan y la tierra”, me tincó ponerla en este post. Y luego, siguió y me tincaba más y más… Y cuando dice “contra su calor se pierde el orgullo, y la vergüenza” supe que esto era para este texto.

Yo creo que eso pasa, cuando se dice una verdad importante para uno, al margen del costo, ante el calor que le da el alma, se pierde el orgullo y la vergüenza… Y sólo queda que es verdad, y que uno está atado a esa yunta… La canción, con voz de Serrat , con fotos y con la letra.