vendredi, août 18, 2006

CONEXIONES

La palabra Enlace siempre me sonó a química… y entonces le llevaba la pregunta ¿covalente o iónico?. Como si la cosa fuera menú…

De las ciencias, la verdad las matemáticas me costaban (según mi padre ingeniero, toda la culpa que yo me crea mala para los números es de una profe-bruja en segundo y tercero medio, pero la verdad verdad era de antes).

Aunque en mi defensa puedo decir que como quería TANTO TANTO TANTO ser arquitecta, pues saqué 750 en la PAA (ya sé que es demodé, pero así era –PAA y no PSU-, y el año 91 era igual difícil ese puntaje ¿o no?). Y en la Universidad de Chile aprobé cálculo, álgebra y geometría analítica, (con puros 4 y tanto, ok, pero igual pascual).

Volviendo al colegio, la física me parecía fascinante por su manera de explicar el mundo sensible… y misteriosa. O sea never caché cómo se calculaba el roce o cómo determinar que el movimiento rectilíneo uniforme se comporta así, que el otro asá, menos supe diagnosticar dónde ocurriría -y la magnitud- de los encuentros de las placas tectónicas –como mi hermana tuvo que enseñar a hacer a chicos de básica, hace poco, en el colegio (sí, es vet y profe) y de paso me enseñó a mí, y aprendí, pero ya me olvidé-.

Yo, la verdad, sólo sé eso y que existe la fuerza gravedad hacia el centro de la tierra (que se señala con un vector p -de peso- hacia abajo)… hasta ahí mi info. Ok. No sé como aprobé 4to. Medio. Pero juro que fue legal.

Ahora, la biología era OTRA cosa. Eso me encantaba. Me fascinaba. Encontraba maravilloso que en cada mundo, y acusoso, hubiera contenido otro. O sea la célula era top según yo. Le llevaba órganelos y núcleo y citoplasma, y esperáte no más que el aparato de golgi no estaba nada de adorno. Y cuando aparecían las enzimas yo encontraba que era mágico. ¿Que cacharan justo cuál proteína le correspondía?. Ídolas.

Me acuerdo que cuando veía eso, onda 9 años, yo jugaba pacman (era topísima). Me imaginaba que las enzimas eras como pacman con hambre de determinada fruta (¿se acuerdan que pasaban frutas distintas a medidas que se subía de categorías?).

Bueno, yo encontraba que era así. Que el cuerpo decías “quiero uva” y aparecía una enzima-miss pacman con mandíbula especial para uva. Onda me la imaginaba amarilla, con lazo rosado y con la media boca (ok, nerd, pero ¿y?... en el mundo de las ideas –según Platón, obvio- caben estas cosas ajenas al mundo sensible).

La biología me tiró heavy en la vida. No en vano alguna vez pensé como alternativa ser oceanógrafa, de hecho en París fui al Inst. Jaques Cousteau y traje libros y me suscribí a una publicación y todo. También di la específica de Bio y hasta me fue bien. Le hago a la cosa. Bueno, por ese amor a la bio, la química pues no me era TAN difícil. Además, el Guaso Pinto entero de la U (su auto azul obvio), que me hizo esa clase en cuarto, fue EL HOMBRE de ese tiempo.

Pero Arquitectura ganaba al final. La onda arquitectura ganaba en verdad, y yo lo sabía, pero no sabía que era sólo eso. Todo fue por la culpa del Tío Pepe y la Tía Carmen (Bruno, si lees esto, sí de tus padres hablo –Bruno, 29, es doctorando en biología UChile-).

Resulta que el Tío Pepe era gigante. Un tipo italiano, de casi 2 metros, masizo, de sonrisa ancha, barba canosa tupida y pelo largo. Aro en la oreja antes de los 80, y tenidas rosadas.Vivían en los Cerezos, en una casa hecha por él –arq- y su señora –arq- también.

La casa era de madera con pilotes azules y muchas transparencias (vidrios, dinteles, etc.) y desniveles. Los muros eran anchos y a veces ahuecados de modo de ser muros estructurales y a la vez porta cosas.Las cosas que había eran fotos ampliadas de la familia, algunas en blanco y negro. Todas lindas. 

Hartas fotos. Había colores, onda cojines hindúes y alfombras diversas, y mucha música y bicicletas y la casa estaba abierta todo el rato y el jardín frondoso hacía de techito para los autos. Me encantaba a ir a esa casa. Siempre había risas ahí. Yo siempre sentí que así eran los arquitectos, como la tía Carmen y el Tío Pepe.

Además me encantaba que diseñaran espacios. Ellos eran como magos según yo y contaban las historias de la gente. “Y entonces esta niñita dormía aquí, pero tocaba el piano acá arriba, y salía de su pieza a caminar por el jardín bajando un escaloncito de este lado, no por allá, para que así le llegue el sol en la mañana y en la tarde”.

Y entonces armaban la casita…y las historias urbanas de niños, parejas, familias, barrios y ciudades (en la más Violeta me salió… “onda tu calle y tu patio” jajjaja). Pero así me imaginaba yo a la arquitectura, a los arquitectos. Como escultores de la ciudad, de la vida en la ciudad.

Yo debo haber tenido unos 12 años cuando operaron al Tío Pepe again del corazón y lo fuimos a ver con mi papá. Estaba acostado en esa cama gigante con el respaldo, la camisa abierta y medio sentado. Se le veían hoyos perforados en la guata. Yo me escondí detrás de la espalda de mi papá. Era heavy la imagen.

El tío Pepe estaba perforado entero… y se reía, y contaba la operación como si fuera Homero contando la Odisea de París. Era ver a un Triunfador, aunque estuviera ahí acostado entero lleno de hoyos. Era un tipo que se reía con la vida. Un tipo amado por todos. Yo quería eso. ¿Eso lo daba la magiarquitectura?...

Y así recuerdo de chica Katina ¿Qué vas a hacer cuándo grande? Me decían mis compañeros chicos, y yo toda agrandada decía “arquitecta” (-nadie cachaba la palabra-yo sí, obvio, yo conocía al Tío Pepe), y me decían “¿qué?, ¡NO!!!!, evidente que vay a ser escritora!”. Y yo sentía que no, que para eso no tenía que ir a la Universidad, que ya sabía escribir.

Además, era algo que todo el mundo hacía y natural en las personas (yo entendía entonces por escribir, la capacidad de tipear letras con un lápiz, no entendía que darle “estructura y alma” a los relatos no lo hacía todo el mundo, que se aprende, etc). En cambio dibujar, dibujar era OTRA cosa.

Eso sí era de artista ( Y yo miraba babosa los dibujos de la Paulina Serra, siempre de 7 ella también, dibujaba hermoso, pero no siguió eso, se dedicó a ser la mejor economista de su generación, la UC of course).

En todo caso, aprender a hacer magia urbana, eso si que no era caído del cielo, y había que ponerle estudios universitarios (incluyendo aprender a dibujar, eso me interesaba.... aprendí, nunca como la Pauli, porque lo que natura non da... pero igual salvando pesa'o).

Con la vida sí, claro, que le hacía a las letras, que la biología, que las matemáticas me cuestan (y las estructuras, uffff, valor). Pero en mi fuero más interno, la casa llena de risas de los Cerezos me tiraba magnéticamente (no sé si sería un enlace covalente o iónico, pero era. ¿Qué era Pauli? (demás que sabe).

Mi casa en cambio era de Vitacura, no de Ñuñoa. No había casi fotos de nosotras, sino cuadros de pintor con firma. No era de piso de madera sino alfombrado, y la puerta estaba cerrada con llave por seguridad. No había desniveles y normalmente la radio estaba apagada. Las bicicletas estaban en el patio de atrás guardadas y era un tema sacarlas por el portón.

Mi casa de Vitacura era DFL2 de señora con nana puertas adentro. La casa de los Cerezos era desordenada, relajada y única con sus fotos, muros ahuecados, vigas a la vista, y dinteles azules. Y el auto azul tb, aquél en el que el Tío Pepe se fue a Brasil con toda la familia para celebrar el premio del concurso que ganó para la remodelación del Estadio Italiano (como es hoy) y para conmemorar que estaba vivo… a pesar de su corazón débil.

Su corazón le jugó una mala pasada a principios de los 90, cuando fue a París al matrimonio de su hijo. Y allá, un paro y otra operación, otra más. Y él que era fuerte como un roble, por cosas varias inexplicables, no aguantó y volvió en un cajón.

Lo velaron en la casa de lo Cerezos. Estaba lleno de gente, lleno. Que manera de haber gente y amor por alguien. Mucha música también. Porque así eran ellos, de sonrisa ancha, de guitarra en las buenas y en las malas.

Mi papá le llevó un cassette de Serrat a la Tía Carmen (en esos tiempos no habían cd). Ahí estaba “Yo quiero ser llorando el hortelano…" y mi papá me explicó la canción y yo lloraba con él la partida de este gran hombre. Estaban sus hijos oficiales y los otros. Las dos mujeres –la actual, la Tía Carmen- y la ex. Todos amigos. Todos los hijos hermanos. Todo repleto de amor, incluso en la muerte.

Son raros los enlaces químicos que se producen en las células del alma, porque eso es lo que yo quería. Ese ambiente de vida hasta en la muerte. Y yo enlacé eso a la Arquitectura. Y claro porque la Arquitectura contenía a la gente, les daba espacio, belleza y comodidad.

Y conformaba comunidades y sociedades y ciudades mucho mas risueñas como en los Cerezos y no como moldes DFL2 como si todas las familias fueran iguales. Y No son y no hay espacio para lo distinto y todo entonces termina en Santiago con índice máximo de depresión en el mundo. Mal.

Quizá si en verdad mi pasar por la Arquitectura hubiera sido “por química”, mis enlaces con ella hubieran sido permanentes. Sin embargo no fue así. Tampoco hubo link, porque eso es web, onda virtual, y mi onda magiarquitectura fue real. Entonces siento que la palabra es conexiones. Eso es místico.

Tengo conexión con el alma de la Arquitectura porque siento que es como el alma de la casa de los Cerezos de mis recuerdos.

Y todo esto a título que ayer tuve TANTAS conexiones urbanas. Y venía una cosa y otra y de tantas maneras que me imaginé que mi día era una gran molécula llena de enlaces entre varios átomos que aleatoriamente estaban ahí, pero que justo, azarosamente, tenían algún vínculo conmigo y hacía que la molécula creciera y creciera. Con enlaces.

Pero la palabra enlace me recuerda a la química y no al alma mística. Por eso partí escribiendo enlace, pero titulando conexiones.

Ahora ¿qué conexiones vi?.... Bueno eso será para otro post (con este así de largo basta por hoy, onofre?).

Pd- Hoy hace una semana que enterramos a mi Anaí. Me regalaron una flor, y yo se la regalé a ella.

2 commentaires:

pame_figueroa a dit…

clap clap clap. lindo lindo. ni siquiera ganas de contar las cosas que se me vienen a la cabeza, para no mancharlo.
saludos!

Beatriz Valenzuela a dit…

hola katina: creeme que tienes alma de arquitecta... y lo puedes sacar fuera y hacer que todo lo que ves a travès de lo que observas se haga formas que acojan a las personas, con luz... siempre con la luz.